Por: Javier Moreno

La red puede ser nuestra

LA RED SOCIAL ESTÁ DE MODA. SUEna bien. Suena a tecnología democrática, por fin al alcance y servicio de las masas.

La idea de que los verdaderos nodos de internet no son las máquinas sino las personas, ha llegado acompañada de toda suerte de aplicaciones. Ustedes las conocen, viven en ellas: organizadores e indexadores colectivos de información (Digg o Meneame), archivos de imágenes universales (Flickr), emisoras musicales personalizadas que se alimentan de las preferencias de la gente (Last.fm o Blip.fm), una monstruosa agenda de contactos (Facebook), el medidor de tendencias a punta de frases breves (Twitter), en fin. La oferta crece a diario.

Varias de estas aplicaciones existen en la disyuntiva entre lo global y lo local. Son creadas para funcionar en ciertos contextos geográficos o sociales específicos y luego, por la fuerza de las mareas de la red, se expanden hasta alcanzar cobertura mundial. Pero con frecuencia esta expansión no da cuenta de las nuevas voces y conversaciones. A veces se implementan versiones en otros idiomas, pero la comunidad para la que la aplicación fue diseñada originalmente casi nunca es destronada. El efecto es extraño: usamos aplicaciones sociales donde nuestros pequeños contextos nacionales no tienen mayor relevancia. Sentimos la vibración del mundo, pero el ruido primigenio dominante no nos deja oírnos. Explotamos el potencial de la red social sólo a medias. Esto no tiene que ser así.

Si queremos que la red social se adapte a nuestras necesidades, que hable sobre nosotros, debemos superar esta etapa de meros habitantes para convertirnos en constructores y creadores activos. Necesitamos soluciones o extensiones locales y nadie va a hacerlas por nosotros. Mientras tanto podemos participar en la fiesta, claro está, pero difícilmente podremos bailar nuestra propia música.

bluelephant.blogspot.com

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