Por: María Elvira Samper

La reelección: ¿qué busca Rafael Pardo?

Poner sobre el tapete la reelección cuando el presidente Santos apenas está jugando el primer tiempo del partido y cuando se oyen voces pidiéndole al Gobierno más acción, más gestión, más administración y menos promesas, política y anuncios, es inconveniente, prematuro e inoportuno.

El anzuelo lo lanzó el director del Partido Liberal, Rafael Pardo, y aunque sus declaraciones no fueron propiamente un llamado a reelegir a Santos, sino una invitación a los partidos de la Unidad Nacional para que piensen sobre qué van a hacer en las elecciones de 2014, lo cierto es que introdujeron mucho ruido en el escenario político.

¿Qué busca Pardo si el asunto de la reelección quedó resuelto cuando, mediante maniobras dolosas, el gobierno de la seguridad democrática logró reformar la Constitución a la medida de las ambiciones del presidente Uribe? En esta oportunidad no hay necesidad de reformas y el camino para Santos está despejado. Además, los colombianos ya nos hicimos a la idea de que, en adelante, los presidentes tienen la posibilidad de repetir mandato en forma inmediata. Como en Argentina, Brasil, Perú, Venezuela y República Dominicana, donde la figura fue aprobada, también como en Colombia, con nombre y apellido.

El problema de plantear el tema de la reelección en este momento es que, quiéralo o no, y pese a que en varias oportunidades ha dicho que no está interesado en la reelección, el presidente queda convertido prematuramente en candidato, con las implicaciones que de ello se derivan. Está la experiencia de Uribe, que empezó diciendo que “no” y acabó apuntándole a una segunda reelección. El boquete que Pardo le abrió a Santos al hablar de reelección es que, de ahora en adelante, lo actos de gobierno, las medidas y las decisiones que tome serán analizados desde la óptica electoral, sometidos a la sospecha de si detrás existe o no el interés de conservar o ganar amigos para la causa, lo cual podría erosionar la credibilidad del discurso de que “la Unidad Nacional no se creó para ganar, sino para gobernar”.

Pero ese no es el problema de Pardo. El suyo es otro muy distinto: la reunificación liberal, volver por los fueros del otrora glorioso partido rojo y recuperar poder. Por eso creo que dijo lo que dijo, haciendo otros cálculos y basado en otras consideraciones. El asunto de fondo: el verdadero alcance de la Unidad Nacional que hoy reúne al 95% del Congreso. ¿Se trata de una apuesta de largo aliento o simple coyunda de conveniencia coyuntural? ¿Los partidos que la conforman están dispuestos a renunciar de buenas a primeras a tener candidato propio en 2014?

El mensaje subliminal del jefe del liberalismo parece ser el de que si Santos decide buscar la reelección, el partido podría desempeñar un papel importante, pues aunque este primer año ha sido de luna de miel para el Gobierno, hay miembros de la coalición que son más uribistas que santistas y que consideran, como el expresidente Uribe, que Santos los traicionó, que elegido con las banderas del uribismo, ya montado en el potro presidencial las arrió y ahora cabalga con las rojas. Uribe ha dado señales de que tiene candidato y sería lógico que los conservadores se sumen. En este escenario una candidatura del presidente agudizaría las diferencias y endurecería el pulso por el control de la U. Los liberales, entonces, serían claves para Santos.

Si la apuesta de Pardo es correcta o no, el tiempo lo dirá. Mientras tanto, que el presidente Santos se tape los oídos con cera o se ate al mástil como Ulises, para no dejarse seducir por prematuros cantos de sirena; que repita como repetir un mantra, “segundas partes nunca son buenas, segundas partes nunca…”. Y, que piense en Fujimori, en Menem y, claro está, en su antecesor.

 

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