Por: Beatriz Miranda

La renegociación del TLCAN

El 19 de agosto concluyó la primera ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conformado por Estados Unidos, México y Canadá.

Este intercambio comercial que representa US$1,1 billones anuales ha sido considerado por el presidente de Estados Unidos el “peor tratado comercial de la historia”.

En el encuentro, los negociadores no hicieron ninguna mención del tema más polémico denunciado por Trump: el déficit comercial de Estados Unidos con sus dos socios comerciales.

México y Canadá señalaron que si la renegociación implica restricciones y nuevos aranceles al comercio trilateral, estarían dispuestos a levantarse de la mesa.

A pesar de que en la Declaración Trilateral se comprometieron a realizar un proceso “amplio y acelerado de negociación”, los expertos afirman que el tiempo promedio para revisar un acuerdo como este es de aproximadamente 45 meses, sobre todo por su demorada aprobación en el Congreso estadounidense.

Si así fuera, la renegociación del TLC y sus implicaciones será un tema candente en la campaña presidencial de 2018 en México, pudiendo de alguna forma favorecer a candidatos más críticos del acuerdo, como López Obrador.

Mientras los negociadores establecen mesas de discusión de temas estratégicos, el New York Times publica un importante análisis de cómo el maíz, principal producto de la canasta básica de México, con fuertes vínculos ancestrales y de identidad del país, se ha convertido en un instrumento de negociación estructural en el marco del TLC.

En México, desde hace más de una década, se libra una disputa por el maíz entre semillas ancestrales y los transgénicos. Desde luego, una lucha asimétrica que ha afectado la economía campesina de México.

Desde la firma del TLC, el maíz es el principal producto estadounidense exportado a su vecino del sur y se ha transformado en un “símbolo de codependencia entre las dos economías”.

Antes de la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, las autoridades mexicanas ya habían comenzado a analizar estrategias para sustituir las importaciones con producción nacional.
Ojalá, este acuerdo que abrió una nueva era de tratados comerciales equivalentes a pactos de seguridad dé inicio a una discusión seria sobre la seguridad alimentaria regional, fuertemente amenazada por los TLC supraconstitucionales.

* Profesora Universidad Externado de Colombia.

 

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