Por: Elisabeth Ungar Bleier

La renovación del Congreso, más que caras nuevas

“LOS ENTENDIDOS CALCULAN QUE la renovación del Congreso para la legislatura 2010-2014 estará entre el 50 y el 70 por ciento”.

Esta frase, tomada de un artículo publicado en elespectador.com el pasado 20 de junio, sintetiza el anhelo de los colombianos cada cuatro años cuando se aproximan las elecciones parlamentarias. En el fondo, lo que esto refleja es la aspiración a que con el “nuevo” Congreso las cosas cambien y que no se repitan los escándalos que han contribuido a que esta sea una de las instituciones políticas más desprestigiadas del país. Sin embargo, para que esto suceda, no es suficiente elegir caras nuevas.

Las elecciones parlamentarias de 2002 y de 2006 son un claro ejemplo de que la llegada de primíparos al Congreso no es garantía de renovación. Muchos de los congresistas investigados por vínculos con actores armados ilegales, y quienes hoy los están reemplazando, fueron electos precisamente porque representaban un supuesto cambio. No obstante, tanto por el origen de sus votos, como por sus actuaciones, o por la falta de éstas, se ha demostrado que la transformación se debe medir por la forma como se comportan los elegidos.

En este sentido, es difícil creer que en las elecciones de 2010 el Congreso de la República se vaya a renovar de manera significativa. A pesar de que los directivos de los principales partidos políticos han anunciado que van a conformar listas con ciudadanos ejemplares, es vox populi que algunos de los tradicionales caciques electorales, entre quienes se encuentran varios de los señalados por sus relaciones con la parapolítica, ya han designado a sus herederos políticos: hermanas y hermanos, cónyuges y los mejores amigos. Y si bien algunos se lanzarán avalados por los partidos que hoy tienen a varios —algunos más de la mitad— de sus congresistas detenidos, otros deberán buscar otras opciones, porque los directivos de esas colectividades han perdido su influencia electoral. O por las colectividades que se beneficiarán del transfuguismo o “voltearepismo” aprobado por las mayorías uribistas en la Reforma Política. Además, otros “personajes” como el hermano del cerebro de DMG ya anunciaron sin rubor el lanzamiento de su candidatura a nombre de Apertura Liberal, otro partido seriamente cuestionado.

A las lejanas esperanzas de una real y profunda renovación política en el Congreso se suma el hecho de que varios de los congresistas que se han destacado en los últimos años por la seriedad y calidad de su trabajo en el ejercicio de sus funciones legislativas y de control político, ya han anunciado que no van a volver al Congreso. Unos porque aspiran a ser elegidos en otros cargos. Y otros, porque renunciaron por considerar indigno el comportamiento de algunos de sus colegas.

Los tentáculos de la ilegalidad en la política no sólo no han desaparecido sino que en muchas regiones están renaciendo como el Ave Fénix.  Por eso es fundamental que la ciudadanía comience desde ya a hacerles seguimiento a los candidatos que aspiran a llegar al Congreso de la República y a denunciar los intentos de captura del aparato electoral y las presiones indebidas a los electores. La renovación no está en las caras nuevas sino en la forma de competir por el poder, de obtenerlo y de ejercerlo.

* Directora Congreso Visible

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