Por: María Elvira Bonilla

La repartija del Valle

Arrancó mal el gobernador del Valle, Ubéimar Delgado.

El gabinete que nombró refleja el fatal destino que le espera al golpeado departamento. Habrá más de lo mismo: corrupción, politiquería y desadministración. Regido por el primitivo criterio de la milimetría política, se rodeó, con una o dos contadas excepciones de personajes que vienen de las entrañas de la politiquería regional que tiene como única credencial contar con el respaldo de los caciques políticos con representación nacional.

Varios de los nuevos secretarios departamentales, como las dos cuotas del senador conservador Germán Villegas, como son Milton Castrillón (candidato de Villegas derrotado en las elecciones para la Alcaldía de Cali) y Marco León Villegas, son de dudosa reputación en el manejo del dinero público. El primero tendrá el manejo de los recursos millonarios de trasferencia para la educación y el segundo, las platas frescas que llegarán para invertir con urgencia en la infraestructura del Valle, en el esfuerzo por habilitar vías de cara al TLC. Germán Villegas es una muestra clara de aquellos padres de la Patria que fungen de prohombres en Bogotá pero que en las regiones hacen de las suyas, sin límites en el ejercicio de la politiquería y la repartija de puestos y prebendas que le garantizan poder mantener su cacicazgo regional. A Villegas poco se le conoce su voz en el Senado porque su energía la empeña en lograr, con la abyección necesaria frente al presidente de turno, participación en el reparto de puestos del orden nacional.

La senadora Dilian Francisca Toro que hoy rinde indagatoria en la Corte Suprema por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos, un proceso que llevaba aplazado más de dos años, celebró abiertamente en la sala del aeropuerto Eldorado que le habían dado Salud. Otra de las secretarías claves para amasar recursos y burocracia o para servirle a la gente. Pero es que los políticos se expresan así, con cinismo, de su participación en los gobiernos, como si se tratara del reparto de un botín. Como en efecto sucedió en el piso 16 de la Gobernación del Valle. Allí estuvo, y ni más faltaba que no, hambriento de puestos el senador Roy Barreras, y los liberales y Cambio Radical, bueno, ¡todos! Porque hasta el detenido exsenador Juan Carlos Martínez salió premiado con puesto para uno de sus amigos, nada menos que en la gerencia de la Licorera del Valle.

Poco podía esperarse de alguien como Ubéimar Delgado que no ha hecho otra cosa que beber de las aguas de la burocracia desde que empezó hace 30 años su carrera de carga ladrillos en el “Lloredismo” hasta conseguir la curul en el Senado que le heredó a su hermano César Tulio, para poder aspirar a la Gobernación. La miopía y la angurria, propia de los políticos, mandaron nuevamente. Ubéimar optó por hipotecarse a sus socios en un pírrico triunfo electoral que no le dio para más de 250.000 votos, en vez de buscar romper el escepticismo de la masiva abstención e intentar remontar su ilegitimidad con la grandeza y el carácter que se requieren para asegurar un buen gobierno. Ahora, a los 130.000 de la resistencia con el voto en blanco, no les queda más que vigilar con lupa.

 

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