Por: Catalina Uribe Rincón

La responsabilidad de los medios, los políticos y la opinión pública en los panfletos contra venezolanos

Las noticias sobre criminales causan fascinación. Leer sobre asesinos, terroristas y ladrones ha sido históricamente atractivo tanto para audiencias como para los medios de comunicación. Incluso desde antes, cuando los medios de comunicación masiva no existían, la literatura se encargaba de narrar las historias de bandidos como Robin Hood, Isabel Báthory o Dick Turpin.

No se sabe cuál es el motivo de nuestra atracción por la sangre y el crimen. Puede que haga parte de una perversión de nuestra psiquis o de una simple forma de pensar los límites normativos de las sociedades. De cualquier manera, tanto audiencias como medios se alimentan del negocio que produce el crimen. Orwell, por ejemplo, contó en uno de sus escritos que la madre de un personaje prefería el tabloide News of the World solo porque publicaba más asesinatos.

El problema es que la seducción por el crimen suele iniciar cadenas de violencia. Pensemos en el racismo. Los medios, por sus rutinas periodísticas, reportan sin cuidar el lenguaje y medir las consecuencias. Por ejemplo, un estudio reciente contabilizó que la mayoría de los medios estadounidenses cuando hablan de inmigración se refieren solo a los latinos, y cuando denuncian criminales hacen énfasis en que estos son indocumentados. En la opinión pública resuena: “Los inmigrantes latinos son criminales”.

El siguiente eslabón de violencia son los políticos, que en su afán de asustar a la ciudadanía les siguen el juego a los medios. Trump dice sin vergüenza: “Las fronteras abiertas generan CRIMEN y CRIMEN”, e insulta a cuatro congresistas de color, entre ellas una de ascendencia puertorriqueña, diciéndoles que se “devuelvan a sus países fallidos”. Como los discursos rara vez se quedan sin eco, resulta que las congresistas ahora reciben amenazas diarias.

Colombia no se queda atrás. Desde que empezó la inmigración venezolana leíamos: “Bandas de venezolanos robando en Transmilenio”, “venezolanos contratados por grupos criminales”, “migración venezolana aumenta el hurto”. Después llegaron los políticos diciendo: “Las venezolanas son fábricas de pobres” o invitando a votar por ellos si “no quieres vivir como venezolano”. Como resultado, la xenofobia en Colombia está peor que nunca. Esta semana aparecieron unos panfletos de las Águilas Negras en Bucaramanga amenazando con matar a los “los gamines y ladrones venezolanos”.

Cuando ya hay panfletos de muerte el titular se hace más difícil. Ahora más periodistas, algo asustados, enfatizan “el drama humano de nuestros hermanos venezolanos”. El énfasis, sin embargo, llega muy tarde. En las cadenas de WhatsApp y en las reuniones sociales se comenta la situación de los venezolanos como si se tratara del clima: “Qué horror la cantidad de venezolanos en las calles” y “hay criminales en todas partes”. Y así, de palabra en palabra, resulta que “venezolano” es igual a “culpable” y el ánimo de los justicieros anda alborotado.

874130

2019-08-03T00:00:56-05:00

column

2019-08-03T00:15:01-05:00

[email protected]

none

La responsabilidad de los medios, los políticos y la opinión pública en los panfletos contra venezolanos

107

3117

3224

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Uribe Rincón

Los mañosos “dos lados de la historia”

El engaño de las aerolíneas a los consumidores

Quizá la Biblia defendería el aborto

Crisbell: ¡salva a Santander!