Por: Alejandro Reyes Posada

La responsabilidad personal en crímenes colectivos

Cuando se juzga la responsabilidad personal de un individuo que participó en crímenes cuya ejecución requirió la colaboración de una organización compleja, como una guerrilla o un ejército, surgen cuestiones morales de hondo calado que son muy difíciles de resolver. De entrada, hay que descartar los criterios que tienden a difundir la responsabilidad individual con la afirmación de que todos los miembros son culpables del resultado, pues cuando todos lo son nadie lo es. Tampoco el contexto de las acciones sirve de criterio moral para atribuir o negar responsabilidades, aunque sirva para limitar las opciones o incluso exculpar ciertas conductas, como matar en defensa personal, que es lícito en la gran mayoría de legislaciones.

En este debate moral surge de inmediato la relación entre los medios y los fines, cuando se afirma que un medio criminal se justifica por un bien superior, como se aduce en el caso de la “limpieza social” para extirpar a los indeseables en una comunidad, o el asesinato de los testigos para evitar una condena penal. Todo el derecho positivo prohíbe usar medios criminales para buscar fines nobles, pues la ilegalidad de los medios contamina los fines. Solo medios lícitos son admisibles para buscar fines permitidos.

La responsabilidad de mando de los superiores por los crímenes de los subordinados exige definir la conexión de la orden del superior con la conducta criminal de quien la ejecuta, pues también el inferior tiene la responsabilidad por sus acciones si sus actos son ilegales, y siempre tiene el recurso de negarse a cumplir la orden abiertamente criminal. En el juicio por los “falsos positivos” hay muchas cuestiones morales implicadas, como el impulso recibido desde la cúpula del poder político para derrotar la subversión de las guerrillas a cualquier costo y la estructura de estímulos para recompensar el número de bajas enemigas, hasta la promoción de los oficiales con mejores resultados y la exclusión de quienes no los ofrecieran.

La creación de un tribunal de cierre para juzgar los crímenes de la guerra y evitar su repetición se enfrenta a un escollo insalvable si las Farc resuelven enfrentar la JEP con el argumento de la responsabilidad colectiva de sus miembros por los crímenes cometidos. Es un argumento parecido al que esgrimieron en las negociaciones de paz cuando dijeron que no aceptarían ser juzgados por el derecho del opresor pues ellos hacían uso del derecho legítimo de los pueblos para resistirse contra la tiranía, que se asemeja al argumento que define la situación de Colombia como una democracia respetable acosada por el asedio del terrorismo, en cuya defensa se justifica usar medios extraordinarios aunque sean ilegales.

La importancia de resolver estas cuestiones morales de la mejor manera posible es que de su solución dependerá que reciclemos el paramilitarismo, los crímenes de Estado y las guerrillas, o que el país evite la repetición de la tragedia y se encamine a la difícil tarea de evolucionar hacia una sociedad pacífica y democrática.

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2019-10-04T00:00:54-05:00

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2019-10-04T00:15:01-05:00

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