Por: Alvaro Forero Tascón

La responsabilidad política del Congreso

¿Por qué el Congreso no responde políticamente por el gran fiasco de la reforma a la justicia?

¿Por qué renunció el ministro de Justicia pero nada les va a pasar a los congresistas que conciliaron, algunos de los cuales fueron promovidos a voceros de sus partidos? ¿Por qué, si son los representantes del pueblo y según encuestas la favorabilidad del Congreso llegó a la sima: 16%?

La pregunta se ha respondido mil veces con una explicación simplista: que la gente vuelve a elegir a los mismos congresistas o a sus testaferros. La respuesta es que el sistema político colombiano no es programático, es decir, que los ciudadanos no votan en su mayoría por el programa que ofrecen los candidatos, lo que permitiría verificar si lo cumplieron o no, y votar de conformidad en la siguiente elección premiando o castigando al congresista. El sistema colombiano es clientelista, y el clientelismo es un mecanismo para compensar la falta de apoyo y legitimidad política del sistema mediante la compra de grupos pequeños de personas, con capacidad de presión sobre clientelas que dependen de ellos para obtener beneficios del Estado.

De esa manera se fabrican mayorías ficticias, primero porque su apoyo no es espontáneo sino comprado, y segundo, porque representan sectores muy reducidos de la ciudadanía, que aprovechan el hecho de que la verdaderas mayorías no votan, desmotivadas por la falta de accountability de la política, generando con ello el círculo vicioso de la falta de participación, que es la mitad del alimento del clientelismo. La otra mitad es la pobreza, que hace que grandes capas de la población sean vulnerables al chantaje del apoyo estatal a cambio de votos.

El resultado es que estudios como el Barómetro de Capital Social (Barcas) han demostrado que más del 90% de los colombianos que votaron no recuerdan por quién lo hicieron, es decir, no saben quién es su representante político y por ende no tienen manera de exigirle a éste lo mínimo —que cumpla lo que prometió—.

Pero entonces ¿el clientelismo es el resultado inevitable del atraso, y por ende insoluble? No, es un modelo que, como el populismo, tiende a prosperar en países con bajo desarrollo social, pero que necesita de instrumentos para reproducirse. En Colombia esos instrumentos son la financiación ilegal (por encima de topes máximos, y/o de origen criminal, y/o con propósitos corruptos) y el sistema electoral. Este último parece diseñado para eliminar cualquier responsabilidad política. ¿Cómo puede haberla cuándo los distritos electorales son tan grandes que no permiten una relación estrecha entre el grueso de los electores y el elegido? En Estados Unidos la gente sabe quién es su representante, porque éste es elegido en distritos pequeños y es una figura cercana a la vida de la comunidad. ¿Cómo puede haber responsabilidad política con un sistema de elección tan confuso? —en las elecciones pasadas para Cámara de Representantes el 22% de los tarjetones fueron nulos o no marcados, casi tres millones de votos—.

Las reglas del juego —las leyes electorales— las ponen los propios congresistas para su beneficio. Mientras el poder ciudadano no presione al Gobierno para tramitar una reforma electoral profunda, no va a existir una real responsabilidad política en Colombia.

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