Por: Adolfo Meisel Roca

La revolución de las sabanas

UN ESPECTRO RECORRE EL CARIBE colombiano: es el espectro del mototaxismo.

Muchas voces se han alzado para criticar esta innovación que surgió hace un poco más de una década en Cotorra, Córdoba. Se ha dicho que el mototaxismo aumenta los índices de accidentalidad y criminalidad, que promueve la informalidad laboral, y que le hace una competencia desleal al resto del transporte público legal. Sin embargo, ha proliferado, primero en las sabanas del antiguo Bolívar, luego en las principales ciudades del Caribe, y más recientemente en buena parte de las regiones periféricas del país, desde Riohacha hasta Leticia.

¿Por qué surgió el mototaxismo? Porque hay un fenómeno económico que ha sido determinante: el abaratamiento del costo de las motos. Entre enero de 2001 y fines de 2010 el costo real de las motos importadas para ser ensambladas en Colombia bajó 58%. Por esa razón, a comienzos del siglo actual se vendían cerca de 50.000 motos al año y hoy en día esa cifra es de aproximadamente 500.000.

Considero que a menudo se hace énfasis en los aspectos negativos asociados al mototaxismo y se olvidan los positivos. El principal beneficio que ha traído este nuevo medio de transporte es que brinda a las personas de menos ingresos una forma de transporte rápido, barato y flexible. Los sistemas masivos de transporte público tienen muchos problemas para la plena satisfacción de los consumidores: son lentos, sólo llegan hasta ciertos sitios y son calurosos, un gran inconveniente en donde las temperaturas son altas y hay mucha humedad.

La mayoría de los mototaxistas, así como los usuarios, son de estratos uno y dos. No es posible que en un país con los niveles de ingreso que tenemos, todas las personas tengan automóvil propio. Es más, se debería pensar en reducir los múltiples subsidios que tienen los vehículos automotores y de esa manera aumentar la oferta relativa de motos propias. Desde el punto de vista tecnológico estas últimas son más adecuadas para el nivel de ingresos de Colombia. Además, pienso que en la medida en que nuestras ciudades y carreteras no estén construidas solamente para automóviles sino también para motos, por ejemplo destinándoles carriles especiales, se reduciría parte de la accidentalidad de este sistema de transporte.

Sobre este tema del mototaxismo, el economista Andrés Sánchez Jabba publicó recientemente en internet un interesante estudio donde se concentró en el análisis del caso de Sincelejo, que tiene fama de haberse convertido en el epicentro de esta revolución sabanera.

Una revisión de la experiencia del mototaxismo muestra que insistimos en patrones de desarrollo que replican sin consideración los seguidos en los países desarrollados. Es más, incluso copiamos esos patrones, como el uso del vehículo automotriz personal, sin los complementos y restricciones que predominan en esos países, donde muchas personas, de manera regular, se transportan en bicicletas, bicimotos, buses, trenes y metros, reduciendo los costos de la congestión. Holanda es un buen ejemplo de un país que ha promocionado desde hace muchos años el uso de las bicicletas y subsidia de manera significativa el uso de bicicletas con motor. Aquí, en cambio, estamos subsidiando las narcocamionetas.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Adolfo Meisel Roca

Releer

Mrs. Robinson

¿País inmóvil?

¿Reformar o eliminar el DNP?

Cartas de una cartagenera