Por: María Elvira Bonilla

La revolución del “cuentapropismo”

LOS CUBANOS NUNCA VAN A OLVIDAR la imagen de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama conversando en la Cumbre de las Américas de Panamá.

Las consignas de “abajo el imperialismo yanqui”, “Cuba sí, yanquis no”, son asunto del pasado. La pequeña isla del Caribe que desafió el poder de su vecino y resistió a contracorriente más de cincuenta años intentando imponer su modelo socialista, entendió finalmente que el intento socialista estaba agotado. La dirigencia de los hermanos Castro debió aceptar que en lo económico había fracasado, no así en sus conquistas en salud, educación y una dignidad capaz de enfrentar cualquier adversidad . En esto, un ejemplo para América Latina.

Tuvieron que entender que resultaba imposible sostener la verticalidad autoritaria, el aislamiento, el recorte de libertades y la castración de la iniciativa privada. Por eso están ahora enfrentados a la nueva revolución, que tomó una dinámica imparable: la revolución del “cuentapropismo”. Es el triunfo de la iniciativa privada, de la creatividad y el empuje individual sobre los intentos de estatización de todos los procesos productivos construidos sobre el control de la sociedad, como fue la intención inicial del fallido experimento socialista.

Raúl Castro, desde hace ocho años, cuando llegó al poder, ha interpretado esa dinámica como una urgencia social a la que tuvo que abrirle compuertas. Y en efecto, cada día son más los cubanos que han ido dejando de ser funcionarios y empleados estatales para asumir ganarse la vida por cuenta propia. De allí el término “cuentapropismo”. Esta flexibilización ha producido una explosión de paladares —restaurantes privados de todas las gamas—, bares, cafeterías, grupos musicales y artísticos y todo tipo de ofertas de servicios, a excepción de internet, a la que aún le temen, porque la libertad de información y la conexión con el mundo pueden desbordarlos, y por tanto la controlan.

En el campo, la política rural de Raúl Castro ha sido también novedosa. Permitió entregar en arriendo tierras que estaba, enmalezadas, posibilitándoles a los campesinos asociarse en cooperativas para producir alimentos de los que, además de venderlos al Estado, les permiten comercializar los excedentes, convirtiéndose en una importante fuente de ingresos para la gente del campo. Cuba importaba buena parte de los alimentos y no era fácil conseguir productos frescos en los mercados. Esta apertura, una de las más importantes, ha producido efectos innegables en el conjunto de la economía cubana.

Los hoteles de La Habana han recuperado su dinámica de centros cosmopolitas atestados de turistas norteamericanos y europeos. La Habana Vieja, bellísima, que en extensión es por lo menos tres veces Cartagena, está en un proceso de recuperación imparable que, al igual que aquellas construcciones que se ven en El Vedado y Miramar, los barrios residenciales de principios del siglo pasado que se expandieron hasta la caída de Batista, reflejan la riqueza arquitectónica de esta isla caribe que, gracias al régimen socialista, se salvó de la devastación del negocio de finca raíz que arrasó con las ciudades latinoamericanas. La Habana se mantiene intacta.

La foto de Obama y Castro marca el comienzo de una interesante transición que hará que Cuba, como hace cincuenta años, sea nuevamente un laboratorios social y económico que puede dejar muchas enseñanzas.

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia