Por: Eduardo Sarmiento

La ruptura de la burbuja

La economía entró en destorcida, que en un principio se ocultaba por los retrasos y cambios metodológicos, y sólo se registra en todas sus dimensiones en el primer trimestre de este año cuando el crecimiento cayó al 4%.

El final del semestre registra un gran descontrol de la economía. El producto nacional creció en el primer trimestre a la mitad del registrado a finales de 2007 y la información parcial del segundo no muestra variaciones considerables; la revaluación sigue imparable y la inflación superará las metas del Banco de la República. Las tres dolencias son las consecuencias del modelo de estímulos a la inversión extranjera, combinados con el banco central de inflación objetivo y tipo de cambio flotante.

La entrada masiva de capitales propició una revaluación que inducía el alza de los precios de las acciones y la baja de la tasa de interés y la ampliación del crédito.

Así, la contracción generada por el exceso de importaciones sobre las exportaciones se compensaba con creces con una fuerte expansión del mercado interno; el producto crecía a tasas superiores de 7%, y estaba representado por la expansión de bienes no transables de baja productividad, como la construcción, el comercio, los automóviles, el sector financiero, la sobrefacturación de exportaciones y la inversión petrolera.

La acción del Banco de la República para controlar la inflación ocasionó la reducción del crédito y un debilitamiento de la Bolsa, agravado por la crisis de las hipotecas subprime de Estados Unidos. Lo cierto es que el vínculo entre el sector cambiario y el financiero se quebró.

La burbuja perdió eficacia porque la contracción del mercado externo no se compensaba con el mercado interno. La economía entró en destorcida, que en un principio se ocultaba por los retrasos y cambios metodológicos, y sólo se registra en todas sus dimensiones en el primer trimestre. El crecimiento cae a 4%, y los sectores que lo empujaban, como la industria la construcción de vivienda, el comercio y los automóviles, pasan a crecer por debajo del promedio.

El comportamiento de la economía se aparta de las visiones convencionales. En general se presume que la revaluación va acompañada de la baja de la inflación y que el alza coincide con la elevación del crecimiento. Con todo, no se ha entrado en razón; la medida y las propuestas están inspiradas en las teorías convencionales, y como es apenas natural, redundan en un estado generalizado de incoherencia y arbitrariedad.

Para empezar, desde hace tres años el Banco de la República se empeño en intervenir el tipo de cambio dentro de un régimen flotante. Cuando el Banco entra a comprar divisas, los especuladores salen del mercado, y cuando se termina el monto anunciado, proceden a adquirir divisas que más tarde venden obteniendo jugosas ganancias.

Lo grave es que este juego le ha significado al país un monumental despilfarro que acrecienta las arcas de los especuladores. El costo supera los US$10.000 millones, y el Banco de la República está en mora de explicarle al país en dónde están los beneficios

El manejo de la tasa de interés raya en lo ridículo. Al tiempo que el Banco de la República procede a elevar la tasa de interés y el encaje para reducir la inflación, anuncia monumentales emisiones para adquirir divisas y sostener el tipo de cambio.

Ninguno de los dos propósitos se ha logrado. La revaluación, luego del simulacro de alza, sigue su camino y la inflación superará con creces la meta del Banco de la República.

El problema no es de medidas y despliegue, sino de teoría y modelo. No se ha avanzado en un diagnóstico que explique el comportamiento irregular del funcionamiento de la economía. Por lo demás, se insiste en fórmulas fracasadas, como la elevación de la tasa de interés para reducir la inflación y la intervención improvisada en un régimen de cambio flotante.

La explosión de la burbuja de la inversión extrajera y los desatinos de la política económica configurarán una encrucijada total. La economía se encuentra ante el desafió de bajar la inflación, parar la revaluación e impedir la caída del crecimiento económico, y los tres objetivos no pueden lograrse dentro de la organización institucional existente. De hecho, se plantean acciones imaginativas que se salen de los libros de texto.

Ante todo, es necesario adoptar un régimen cambiario que les conceda un tratamiento diferente a las exportaciones de alto valor agregado, como las confecciones, los productos manufacturados, las flores y el café, y a los ingresos de capitales, llámense inversión extranjera, sobrefacturación de exportaciones o narcotráfico, al igual que anunciar el precio de la divisa para sacar del juego, de una vez por todas, a los especuladores.

En lo que respecta a la inflación objetivo, no tiene sentido enfrentar los aumentos provenientes del exterior con la elevación de la tasa de interés. En su lugar, se plantea aplicar un riguroso control de precios a las actividades con poderes monopólicos y subsidiar a los combustibles y alimentos.

 

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