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hace 48 mins
Por: Daniel Pacheco

La segunda década del siglo XXI en Colombia

Se acabó el año y se acabó la década y eso merece cuanto menos un decálogo para hacerle honor a los periodos. En la década de los dieces, la segunda del siglo XXI, Colombia vio grandes acontecimientos y estancamientos. Está por verse cuál será el poder transformador de los acontecimientos, y al principio de esta nueva década de los veintes no está claro cómo va a superar el país sus estancamientos. Aquí va mi decálogo, sin ningún orden en particular:

Como en el resto del mundo los teléfonos inteligentes se masificaron. Hoy el pacificador de muchos niños pequeños no es el chupo sino una pantalla brillante, las redes sociales acabaron con el monopolio de información y opinión que tenía el periodismo, y la gente con datos ya no se pierde si tiene waze.

Juan Manuel Santos fue el personaje político dominante, repitió periodo y acabó con la reelección, usó con eficacia inmoral el aplastante presidencialismo para manejar el Congreso e influir en las cortes, ganó el Nobel de paz, sacó adelante la firma del acuerdo de paz, y arrancó a medias su implementación.

Un acuerdo con las FARC que no puso fin a la guerra, pero sí a la discusión política nacional sobre la lucha armada. En ese sentido, con todos sus fracasos fue un acuerdo para que el país pudiera superar discusiones viejas de guerra fría, y seguir contando muertos de una manera menos ideologizada, si bien aún abundante.

Álvaro Uribe abrió cuenta en Twitter en el 2009, pero la empezó a usar contra Santos en 2011. Fundó el Centro Democrático en 2013. Perdió las elecciones del 2014, pero ganó el plebiscito, y puso a Duque en la Casa de Nariño en 2018. Los diez años increíbles de este movimientos terminan en lo que ya se anuncia como un gobierno malo de Duque, y el declive de la figura política mas influyente del siglo en Colombia.

En el 2018 casi 12 millones de personas salieron a votar por la Consulta Anticorrupción, una medida del Partido Verde con fuertes tintes populistas y medidas de cuestionable eficacia contra la corrupción que sacó mas votos que Duque en segunda vuelta. Fue el hervor de una ciudadanía distinta, opacada por el conflicto, e indignada con la corrupción, como la de Odebrecht que se metió en la fiscalía, y en las campañas de Santos y el uribismo.

Al cerrar el 2019 había en Colombia alrededor de dos millones de venezolanos. La migración que comenzó en el 2015 con la crisis política y humanitaria desatada por el régimen chavista no tiene precedentes en un país acostumbrado a las emigraciones masivas de sus propios ciudadanos.

A mediados de la década la tasa de fecundidad en el país cayó por primera vez por debajo de la tasa de reemplazo. Los datos del censo de fin de década confirman que los colombianos nos estamos envejeciendo más rápido de lo pensado porque las mujeres están teniendo menos hijos que nunca antes.

El país despertó a los conflictos ambientales; la crisis de Hidroituango que no terminó en tragedia, pero secó por unos días el río Cauca, el rechazo al fracking, las consultas mineras, la deforestación, el animalismo, el activismo judicial otorgando derechos a ríos y biomas. Como nunca antes, y en la coyuntura del cambio climático, la preocupación (a veces mal informada, urbanizada y poco realista) por el medio ambiente hace parte de la agenda pública.

Al mismo tiempo el país vivió una década entera sin avanzar en los problemas estructurales de su economía. No se superó la dependencia petrolera (pero sin fracking es poco el que aún queda), no diversificó sus exportaciones, sigue viviendo con alto desempleo, y aún recauda pocos impuestos a pesar de haber hecho al menos cinco reformas tributarias.

Termino con otro estancamiento, el de la justicia. Esta década demostró que es irreformable con los mecanismos actuales. La corrupción de la Corte Suprema, que una década antes había batallado contra la parapolítica, llegó a su punto histórico máximo con el cartel de la toga. De la Constitucional hay un magistrado condenado. Aún así el sistema se niega a ser reformado, enrareciendo la política a niveles extremos con casos como el de Álvaro Uribe.

Se me queda por fuera la muerte de Gabo, el éxito de la Selección en Brasil, el Tour de Egan y el reggaeton. Y pasó otra década sin que Colombia o ningún colombiano hiciera ninguna contribución notable al arte o la ciencia en el mundo. Pero se pasó bueno.

@danielpacheco

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2020-01-07T00:00:33-05:00

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