Sirirí

La segunda divina Providencia

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Eso de pasar de paraíso a infierno en pocas horas es una de las duras lecciones que nos da la naturaleza, que esta vez se ensañó contra San Andrés y Providencia, dos islas distintas unidas bajo un mismo nombre.

Mientras que a San Andrés nos la tiramos los colombianos exportándole todo lo ruin de nuestra idiosincrasia, que corrompió a unos isleños inocentes, les mostró el demonio y cayeron en la tentación, Providencia ha logrado mantener su virginidad, pese a las provocaciones de los pecados capitales del turismo irresponsable y depredador.

Desafortunadamente y con el mismo rasero, Satanás castigó con un látigo mayor a la isla que más se había preocupado por estar lejos del mundanal ruido, haciendo trizas el 98 % de su ya de por sí famélica y endeble infraestructura.

Ahora, con la intervención de todo el Gobierno, los colombianos tendremos la oportunidad de medirle el aceite al presidente Duque, quien se comprometió a que en 100 días estarán reconstruidas dicha infraestructura y buena parte de las viviendas, que están en el suelo junto con los postes de la luz y los árboles, encima de las carreteras despedazadas y las pocas alcantarillas, entre muchísimas otras cosas...

Es decir que el próximo 25 de febrero del 2021 sabremos si Duque estaba echando cháchara o de verdad hizo y cumplió lo que prometió.

Lógicamente, las nuevas obras y viviendas no se podrán volver a hacer con solo madera. Harán falta el hierro y el concreto, que no solo encarecen los costos sino que suponen una nueva arquitectura donde no podrá de ninguna manera excluirse la pintoresca y bellísima madera que, pintada con colores rechinantes, le dio carácter universal a la que de nuevo, sin duda, será la segunda divina Providencia.

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