Por: Gonzalo Silva Rivas

La segunda, mucho más

El Reporte de Competitividad de Viajes y Turismo 2015, elaborado por el Foro Económico Mundial, no muestra mayores avances en la propuesta turística colombiana.

La seguridad y las limitaciones en infraestructura portuaria y terrestre continúan siendo el Talón de Aquiles y, al lado de otros factores de bajo desempeño, tienen postrado al país en la tabla media del índice global, en el que se miden variables estratégicas que califican el desarrollo sustentable del sector.

Del lugar 74 que se ocupaba a finales de la década pasada, se ascendió al 69 en 2014, y este año apenas se repunta una casilla, al ubicarse en el puesto 68, entre 139 naciones.

Solo le va bien a Colombia en lo concerniente a su calificación en recursos naturales y culturales, como corresponde a un destino de regiones que cuenta con notable fortaleza en ambos campos. Recordemos la segunda posición mundial en biodiversidad, después de Brasil, y la condición de hábitat del diez por ciento de la fauna y de la flora global, así como la rica pluralidad cultural, costumbrista, étnica y religiosa que integra un componente de lujo, con casi una quincena de lugares y de manifestaciones populares reconocidos como patrimonios de la humanidad.

En lo que anda bastante colgado el país, según el Foro Económico, es en la reputación del entorno general. La seguridad circula en permanente luz roja y es el indicador que más pesa. El conflicto armado interno carga más de medio siglo de existencia, victimiza a la sociedad civil y espanta tanto a turistas como a capitales. La guerrilla, su principal promotora, sumida en su demencial actitud, sigue apuntándole a la paz y dispara toda clase de delitos ambientales y de lesa humanidad.

A la seguridad le acompañan, moviéndose al mismo nivel, otras preocupaciones. El impacto de las políticas económicas y de algunos factores externos sobre el sector empresarial no se ve con buenos ojos, consecuencia de los persistentes riesgos de corrupción, altos impuestos y esguinces a la política antimonopolio. Y los indicadores de salud e higiene hacen tránsito por las escalas bajas de la clasificación, salpicados de bastantes interrogantes.

Mientras Colombia avanza a buen paso en apertura internacional –es el octavo país del mundo-, el desbarajuste y retraso en la infraestructura portuaria y terrestre nos arroja a los sótanos del escalafón global. La infraestructura que soporta el servicio turístico se encuentra por debajo de la media mundial y la del transporte aéreo, aunque muestra signos de mejoría en los últimos tiempos, se coloca en los intermedios del pelotón. Un par de puestos adelante, ligeramente mejor ubicado, aparece el indicador de nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que destaca ciertos avances. En materia de precios, al contrario, se mantiene la tendencia de los altos costos.

La realidad nos muestra que somos un país de suficiente potencial turístico pero escasamente competitivo. Bastante lejos nos encontramos de España -el tercero más visitado del mundo y el que viste hoy en día el maillot de la competitividad-, y bien rezagados de Brasil y México, los dos colosos regionales que nos aventajan por más de 25 millones de turistas.

El Gobierno Nacional y los locales deben materializar esfuerzos para llenar tanto vacío y suplir la incompetencia que rodea al sector y que lo mantiene en el atraso. Decía hace poco el presidente Santos, durante su presencia en algún escenario turístico, que el mundo se está enamorando de Colombia y quiere venir a conocer nuestro realismo mágico. Las estadísticas, sin embargo, nos advierten que falta magia y sobra la cruda realidad. Si el turismo es la industria de la paz, por estos contornos la primera anda envolatada y la segunda… mucho más.


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