Por: Tatiana Acevedo Guerrero

“La selva selecciona a sus hijos”

La primera mitad del siglo XX avanzó al tiempo que se expandió la frontera agraria nacional. A través de una revisión de archivo, la profesora Catherine Legrand nos explicó cómo, luego de llegar, desmontar, sembrar y hacer familia, sucesivos grupos de colonos fueron echados de sus parcelas. No siempre con violencia, sino también mediante instrumentos judiciales, gramáticas técnicas (contratos a agrimensores, pago de impuestos) y palancas oficiales. Así fue como familias de terratenientes se hicieron a las nuevas tierras arrebatadas por los colonos al monte. En esta empresa, latifundistas y gobernantes se encontraron con varios tipos de resistencia entre colonos organizados y funcionarios medios con un sentido de justicia. Sin embargo, a lo largo de continuos períodos, este mecanismo —de ganar tierra a la selva, transformarla en cultivo, perderla y volver a empezar— se mantuvo parecido en otros momentos y lugares.

Con las historias de vida de grupos de campesinos colonos en distintas edades, el cronista Alfredo Molano nos narró una historia similar sobre la segunda mitad del siglo XX. La colonización del Guaviare, cuenta Molano, tuvo como venas centrales los ríos Guayabero, Ariari y (para abajo) Vaupés. En diferentes oleadas, colonos llegaron por distintos ríos durante los 50 y 60. Muchos sobrevivían violencias sin cuento, algunos venían armados y organizados. “El régimen de esta amplia zona”, reza la crónica, “es idéntico al que impera en todas las colonizaciones agrícolas: desmonte, quema, cosecha”. Después de mejorar la tierra a punta de trabajo y sin posibilidades de ahorro, los colonos caían en saldos rojos. Arrinconados por la deuda, frecuentemente vendían e iniciaban una vez más el desmonte en algún espacio cercano.

Entrados los 60, la “reforma social agraria” de Lleras Restrepo intentó ponerle fin a este ciclo. El Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) tenía como misión adquirir tierras mediante compra, expropiación o cesión para dotarlas a familias de escasos recursos económicos. “La reforma no se limita a dar títulos (…), educa y les presta asistencia técnica, otorga crédito supervisado para que cuenten con suficiente capital inicial de trabajo, les ayuda a asociarse en cooperativas para comercializar y vender sus cosechas a precios equitativos”, explicó Lleras en una carta a la bancada de congresistas representantes de los latifundistas que se le resistió a la redistribución. En una carta escrita a esta oposición hacia el fin de su período presidencial, Lleras reconoció la timidez de la mentada reforma y las injusticias que implicaría su fracaso (“esta situación conlleva fenómenos perturbadores del proceso económico y de la paz social del país”).

El recuento sobre la colonización del Guaviare de Molano apunta a todos los sentidos en que la reforma se quedó corta. Ante las agresiones del lugar (“la selva selecciona a sus hijos”, dice un locutor en la crónica), las arremetidas y los ofrecimientos de ganaderos y finqueros, numerosas familias se fueron. Aquellos colonos que resistieron se aferraron a ilusiones por cuenta del Incora y lograron forjar una cotidianidad en sus parcelas. No obstante, con el tiempo frustraron todos sus intentos debido a la dificultad para transportar y vender sus productos. Maíz, arroz, plátano. Todo se perdía en el camino de trochas. Ningún esfuerzo valía la pena.

En este ambiente de pesimismo y ansiedad prosperó la bonanza marimbera. Una espera de algunos años trajo más tarde el procesamiento de la coca. “Cientos de toneladas de semillas fueron distribuidas de mano en mano, gratuita y afanosamente”, narra Molano, “y al poco tiempo las cosechas estaban listas para ser raspadas”. Los impuestos de gramaje y los órdenes paralelos de las Farc, las concesiones a Estados Unidos, el Plan Colombia y los excesos ilegales del Ejército Nacional fueron moviendo, como lo habría hecho un huracán, los cultivos de coca de un departamento al otro. El presente de esta colonización, con tantos cambios y reveses, se extiende hoy a Nariño.

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