Por: Cartas de los lectores

La Semana de Pasión

La magnífica nave que cubre el altar mayor sirve de escenario para la impecable interpretación de La pasión según san Mateo, obra exquisita del músico alemán Juan Sebastián Bach, autor de las piezas musicales más sobresalientes del final del período Barroco y predecesor de otros genios musicales como Mozart, Liszt, Brahms, Mendelssohn y Schumann; la fuerza de la pieza orquestal penetra los sentidos del espectador y lo pone a tono con la invocación de las creencias cristianas, invita a meditar y a hacer una reflexión sobre el significado de la tradición de esta última semana de la Cuaresma, en que las procesiones incluyen en muchos lugares la autoflagelación y la crucifixión; todo conduce a pensar que la humanidad pretendiera encontrar un oasis de paz y hermandad; sin embargo, la historia acostumbra ofrecernos tremendas paradojas, mientras muchos se entregan a celebrar con devoción la liturgia de sus convicciones religiosas, otros, carentes de ellas, prosiguen el camino de la destrucción y la violencia sin límite, eso sí invocando siempre su amor por la humanidad y esgrimiendo como razón para sus demenciales actos la protección de los pueblos y la preservación de los más altos preceptos morales; el envío de la “madre de todas las bombas” a territorio afgano, con el falaz argumento de proteger la integridad de Occidente y en particular a los Estados Unidos, nos alerta una vez más sobre la verdadera naturaleza del imperio, todas las voces de demócratas y republicanos corrieron a respaldar la infame maniobra del vaquero del momento, un advenedizo del que despotricaban la semana anterior; vuelve así a armarse el establecimiento de la nación que ha cometido la mayor depredación planetaria, la que saquea por las armas o por la vía del control político de pueblos. Ya Uribe y Pastrana acudieron a rendir tributo y en mayo lo hará el presidente. Nada bueno saldrá de las órdenes que se impartan y que, como ya es costumbre, mansamente serán acatadas por una dirigencia que lleva algo más de diez décadas con los mismos haciendo lo mismo: feriando la nación.

La historia mantiene viva la herencia de los creadores, los acordes de Bach, indistintamente de la fe que abrigue a los hombres del futuro, mantendrá encendida su luz por los siglos de los siglos. Los sátrapas que leguen una estela de dolor sólo serán un leve manchón en la memoria de la humanidad, como una advertencia de lo que no se puede hacer impunemente.

Libardo Gómez Sánchez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores