Por: Nicolás Rodríguez

La señora Morales

Los niños, la familia y el liberalismo le importan una hostia a Viviane Morales. Los pastores sabrán premiar con votos su retorcido referendo. De cualquier forma, el debate sobre la adopción gay está viciado.

Un tuit hizo carrera, con insulto incluido: “No le niegue la adopción a alguien si usted no va a adoptarlo, no sea hijueputa”. Merecidísimo madrazo que encierra una falacia. Pues ¿qué pasaría con las parejas del mismo sexo si todos los heterosexuales quisieran adoptar? No es porque nadie quiere niños sin padres que toca dárselos a los homosexuales. La lógica del peor de los males es una concesión a la homofobia. La deja intacta.

Después está la ciencia. La Sabana puso la vara bien alta: “los homosexuales son unos enfermos”. Hubo patraseada pero a nadie renunciaron. Circularon en cambio otros estudios científicos: revistas divinamente indexadas en las que los niños adoptados por parejas del mismo sexo no se suicidan y tampoco abusan de los demás. Otra triste concesión a la homofobia, pero en nombre de la ciencia. La misma ciencia, con ropaje más moderno, que ya antes había impuesto una patología para encasillarlos.

Lo que nos deja con la justicia. La Corte Constitucional peló el cobre. Argumentó cualquier cosa con la biología y dejó abierta la puerta para que vuelvan las demandas y nadie crea que se bajaron del barco progresista. Pero la justicia está tan autorizada como cualquier ciencia para opinar sobre diversidad sexual. Si la ciencia enseñaba que la homosexualidad era una enfermedad, la justicia la mantuvo como delito durante bastante tiempo en su código penal.

La Sabana le apunta a una religión. Otros le rezan a la ciencia y a la justicia. La verdad es que ni siquiera la retórica de los niños abandonados les devuelve la dignidad a los homosexuales. Este es un debate falso. Menos tiempo se perdería discutiendo cómo criar niños que de grandes no se parezcan a la señora Morales.

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