Por: Mauricio Rodríguez

La séptima

El tráfico de Bogotá está empeorando aceleradamente. Gran parte de la culpa obedece a la pasividad de la administración Garzón frente al crítico problema de movilidad.

Y la confusión del gobierno Moreno amenaza con agravar la caótica situación. El caso del futuro de la carrera séptima ilustra bien el creciente riesgo de un colapso en el tránsito de la ciudad. Examinémoslo a fondo.

Estudios hechos por expertos, revisados por los técnicos del Departamento Nacional de Planeación y aprobados en un documento Conpes, determinaron que la mejor solución para el tráfico de la séptima es una troncal de Transmilenio. Pero en su contra se juntaron dos obstáculos: la ignorancia de algunos influyentes habitantes de la séptima y la falta de seriedad del alcalde Samuel.

La oposición de ciertos ciudadanos desinformados se alimenta de la ilusión de tener un metro en esa avenida. Pero hacerlo sería muy inconveniente por dos razones: su costo sería astronómico (15O millones de dólares por kilómetro al tener que ser subterráneo, puesto que la séptima está rodeada de edificios), y sería absurdo e injusto socialmente hacerle un metro oneroso a los pudientes del norte dejando el Transmilenio para los estratos más bajos del sur. En cuanto a la ausencia de seriedad de Moreno, se evidencia en su descalificación superficial de lo que aconsejan los conocedores del tema.

Transmilenio por la séptima sería una excelente solución. Sería una obra mucho menos costosa y traumática que una troncal de metro; además incluye un proyecto urbanístico que mejoraría sustancialmente la calidad del espacio público a lo largo de todo el trayecto (una inversión de $350 mil millones en recuperación de andenes, plazoletas anexas, puentes peatonales y nuevas intersecciones viales claves).  Adicionalmente, ese Transmilenio sacaría a los centenares de buses que a diario congestionan la vía y contaminan como en ningún otro lugar de la ciudad (según estudios del ingeniero Eduardo Behrenz de la Universidad de los Andes).

Otro argumento a favor de Transmilenio en la séptima es que sería más agradable para recorrer en la superficie ese trayecto que tiene buena vista (arquitectura de calidad y los cerros), que bajo tierra en un metro.

Hay que evitar a toda costa que los usuarios y habitantes de la carrera séptima terminen siendo víctimas de la incompetencia de las autoridades distritales.

 

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