Por: Columnista invitado

La sierra Tayrona

Por: Alberto López de Mesa

En una esquina estratégica del litoral atlántico colombiano se empina la montaña más determinante para el ecosistema del Caribe continental: La Sierra Nevada de Santa Marta. Es un sistema montañoso aislado e independiente de los Andes ya que se originaron en tiempos distintos y por movimientos geológicos diferentes. Es una pirámide con una superficie triangular de 17.000 Km2 y una altura máxima de 5,775 metros sobre el nivel del mar, lo cual significa que es el accidente geográfico más alto del mundo en zona costera. Esta condición hace que la Sierra sea un prodigio en el planeta porque ofrece todos los pisos térmicos en plena zona tórrida, porque vierte por todos los costados fuentes hídricas que por precipitarse al mar en poca distancia alimentan los suelos, los manglares y los fondos coralinos con muy poco sedimento. En el lado sur del triángulo las aguas de la Sierra crearon la Ciénaga grande, maravilla que hace de esas tierras abajeñas un emporio de fertilidad y bio-diversidad.

Sin duda, por todas sus virtudes, por su belleza, por la seguridad que ofrece ya que es una barrera natural contra los huracanes que se generan en el océano Atlántico y azotan todo la costa Caribe del norte, la antigua cultura Tayrona habitó allí y hoy los cuatro pueblos descendientes Koguis, Wiwas, Aruhacos y Kankuamos siguen viviendo en ella y se reconocen y se portan como los custodios de la Sierra madre.

Desde 1525 con la llegada de Rodrigo de Bastidas y su horda de conquistadores españoles se inició la invasión del paraíso, al principio hubo enfrentamientos entre nativos y foráneos, al final se impuso el arcabuz dominando y/o exterminando a los pueblos indígenas que habitaban el pie de monte, los pueblos que vivían por encima de las faldas del monte, que no eran belicosos los protegió la misma Sierra y se mantuvieron resguardados en la montaña, pero lo colonización no ha cesado, siguieron los asentamientos criollos que fundaron pueblos y los ricos hacendados que se afincaron con títulos sobre grandes extensiones de tierras. Al inicio del siglo XX con la presencia de compañías extranjeras, particularmente la “National Fruit Cómpani” que crea junto a la Ciénaga la Zona Bananera, empieza otra clase de colonización, como si la Sierra fuera tierra de nadie se suceden por todos los costados invasiones, colonos de varias partes del país, mayoritariamente santandereanos y antiqueños se apropian de lo que pueden para sembrar, especialmente, café y cacao. En los setenta se viene el negocio de la marihuana y la Sierra es perfecta para los cultivos ilícitos, por supuesto, los nativos padecerán el rigor bélico de las guerras entre “marimberos”, vendrán después las guerrillas, tras las guerrillas los paramilitares y entre unos y otros los narcotraficantes, enseguida las multinacionales mineras y la Sierra Tayrona, el reducto del paraíso ha sido mil veces profanado y los pueblos indígenas oriundos relegados a pedazos cada vez más reducidos de su territorio tradicional.

En 1996 los cuatro pueblos indígenas de la Sierra, acordaron con el gobierno proteger su territorio ancestral con una figura que se llamó La Línea Negra, frontera que define los terrenos que le corresponden legalmente a las comunidades y las zonas sagradas de significado y respeto por su significado y valor para la tradición cultural y también por su importancia ecológica.

Esta frontera de protección ha sido violada constantemente y más con la permisividad institucional que desde 2002 otorga al garete licencias de explotación a compañías mineras.

Los pueblos indígenas, orientados por la sabiduría de sus Mamos, además de reclamar el derecho a preservar su territorio natural, han oficiado como verdaderos custodios de la Madre Sierra, en verdad sus prácticas protegen el sistema de páramos, preservan los ríos y el bosque nativo donde todavía existen guacamayos, mono aulladores, ñeques, venados, osos, diversas variedades de serpientes y de lagartos, entre otras muchas especies de una fauna única.

Esta misión se la han dado a conocer a todos los ministros de ambiente, a ongs internacionales con misión de proteger el medio ambiente y mitigar el cambio climático, científicos del mundo reconocen la importancia medio ambiental de la Sierra, así como el papel de los pueblos indígenas en su protección.

Iniciando el mes de julio, Juan Manuel Santos, acaso como su última acción presidencial, para sancionar la ley de Páramos y la ley de Cambio climático, decretó redefinir el territorio ancestral Aruhaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, y entre el gobierno y los indígenas definieron un total de 348 puntos geográficos que entrarían a delimitar el territorio ancestral.

El proyecto de delimitación de la Línea Negra generó enseguida voces de protestas entre los gremios económicos y sus compinches los gobernadores de toda la región Caribe. Para ellos la redefinición de la Línea Negra afectaría los planes de ordenamiento territorial y de desarrollo, así como la inversión privada y los proyectos de impacto regional. Aseguran que, además, se vendría un problema de coexistencia entre las autoridades jurídicas ordinarias y las autoridades indígenas.

Otra vez el desarrollo rentista, la codicia pura, la ambición irracional, porfía en imponer sus intereses como si fueran el orden lógico de la vida.

El saliente presidente Santos, se lavó las manos como Pilatos?

Dejó el borrador de un acuerdo para que el entrante presidente Duque tome las decisiones sobre el destino de la Sierra?

Mi sugerencia es que los pueblos indígenas de la Sierra Tayrona, las gentes inteligentes y sensatas del Caribe deben acompañarse de organismos internacionales, para entre juntos frenar la explotación minera y el desarrollo irracional sobre nuestra maravilla geográfica.

 

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