Por: Columnista invitado

La sociedad del cangrejo

Por Diana Cifuentes

He seguido con profundo interés cada una de las entregas de la novela web que anda de moda por estos días, llamada “Plagio en trabajo de grado de Filosofía de Catalina Ruiz Navarro”. El primer capítulo comienza con una acusación anónima a través del portal PlagioS.O.S y de ahí en adelante vemos de todo: celos, envidia, intriga, acoso, oportunismo y venganza. No me sorprende que sea una de las novelas más populares para el fin de año. Entretenimiento puro.

La discusión que se ha dado en torno al caso se ha centrado esencialmente en acabar con el prestigio profesional de Catalina y en sacar partido para sobresalir de alguna manera. Ha estado orquestada por una serie de personajes variopintos, corriendo de un lado para otro gritando: “¡que le corten la cabeza!”. Lo digo para estar a tono con la acusación de Berta Lucía Estrada, quien la semana anterior, aprovechando el desorden, la acusó de plagiar uno de sus cuentos por haberle puesto a una columna suya un título similar al de su cuento “Detrás del espejo”, el cual se había publicado un día antes de la columna de Catalina. Qué problema, ahora a los autores de los ocho libros, las nueve películas y las diez canciones que se llaman así y que salieron a la luz antes de 2008 les va tocar acusar a Berta Lucía. Ella y otros personajes del sector cultural han aprovechado el escándalo para ganarse su cuartico de hora.

Habría que reflexionar sobre qué motivaciones hay detrás de esta acusación y preguntarles a todos los que se han sumado a la alegre turba acusadora si de veras el hecho de que una joven Catalina haya tenido problemas para citar correctamente a los autores referenciados en el marco teórico de su tesis —al igual que miles de colombianos que se graduaron ese año— invalida toda su carrera. Si por haber cometido un error en el pasado debe dejar de escribir o retirarse de la vida pública. Si vivimos en un entorno que ve con recelo y envidia a cualquiera que logre destacar un poco y a la menor oportunidad lo que buscamos es regresarlo al balde.

Hoy en día Catalina es una periodista destacada que ha puesto sobre la mesa muchas discusiones relevantes para el país relacionadas con el respeto por las mujeres y la libertad de expresión. Su opinión, aunque a muchos no les guste, es importante para que la escena del periodismo nacional sea diversa, para que se escuchen también voces disonantes y con otros puntos de vista. Propongo que en vez de seguir pidiendo su renuncia en los diferentes medios en los que escribe, nos dediquemos a pensar en soluciones a fallas estructurales en la educación que contribuyan a que los estudiantes sean más creativos escriban mejor y aprendan a citar correctamente las fuentes en sus tesis de grado.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado