Por: Aura Lucía Mera

¿La solución?

Me embriagó la felicidad cuando leí que un empleado de Twitter en su último día de trabajo desactivó la cuenta de Donald Trump y el chafarote, que nos tiene al borde de una guerra nuclear, “dejó de existir durante 11 minutos”. Creo que han sido los únicos 11 minutos de calma que hemos sentido desde que el trumpalismo se sentó en el poder.

Pienso que ante la avalancha de las mentiras, llamadas ahora “posverdades”, que inundan el planeta sembrando terror, calumniando, inventando historias, polarizando y tratando de acabar hasta con el último vestigio de análisis y sensatez que podamos tener, la solución sería que se desactivaran todas las cuentas de Twitter del planeta que se han convertido en el tsunami más violento de resentimientos y manipulación de masas en la historia de la humanidad.

Siempre ha existido la mentira. Los chismes y las calumnias son tan viejos como la historia de la humanidad. Y político honesto y desinteresado no ha nacido. Desde la misma historia del cristianismo nos embaucaron en posverdades y cuentos chinos: que si Adán, que si la manzana, que si la serpiente, que el arca de Noé, que si María fue acosada por un arcángel que se metió de súbito con una espada en la mano por la ventana de su humilde hogar, que la limosna salvaba almas pecadoras de caer en la paila hirviente...

La historia de la misma humanidad está basada en mentiras, porque la escriben los ganadores. Los derrotados no tienen derecho al ladrido, y si cuentan su versión, los desaparecen. Basta repasar por encima lo sucedido a escritores rusos, cubanos, españoles, irlandeses y americanos cuando escribieron la otra cara de la moneda de lo que les habían “vendido” como verdad histórica.

Pero los medios de comunicación eran diferentes. La gente tenía que leer, las noticias llegaban lentamente. El mismo Holocausto y todo el horror se fue conociendo poco a poco y lo más probable es que muramos sin conocer jamás la verdad de los acontecimientos. Alemania, Francia, España, Inglaterra y Estados Unidos todavía esconden sus vergüenzas y atropellos; lo mismo China, Latinoamérica y por donde miremos.

Pero la porquería virtual ya rebasó todos los parámetros. El lodazal de odio y resentimiento nos está inundando. Pareciera que toda la rabia contenida de millones de seres humanos encontró una alcantarilla para escupir lo que se le dé la gana sin importar las consecuencias.

Ejemplos recientes: la famosa historia de la “opresión de Cataluña”, los mensajes rusos de que Hillary Clinton era peor que Satanás, los ataques de Trump contra todo y todos, los millones de mensajes de “mujeres acosadas”, la perversidad de dirigentes políticos que cuentan con miles y miles de seguidores para lavarles el cerebro y lograr sus propósitos, la libertad impune y total de insultar, amenazar, amedrentar e inclusive poner en riesgo la vida del que piensa diferente.

La solución, insisto, sería “destuitear”. Anular y desaparecer ese engendro que se inventó para facilitar la comunicación entre nosotros y lo único que ha logrado es enloquecernos y llenarnos la mente de basura, llevando a la humanidad al precipicio sin retorno. Con razón el “papá” de Facebook está asustado del engendro que parió. Se le salió de las manos. Facebook también es un molino de mierda y mentiras. Lo abro poco y tengo pocos “amigos”, pero a veces lo que me llega me dan ganas de vomitar.

Posdata: Felicitaciones al empleado anónimo que nos dio 11 minutos de tranquilidad. ¡Sigamos su ejemplo!

 

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