Por: Juan Manuel Ospina

La sordera de los gobernantes

Una afirmación de Fecode desnuda el trasfondo del paro de los maestros: en siete reuniones que tuvieron con el gobierno antes de salir a la calle a protestar, la ministra Parody solo estuvo presente media hora y “de afán” porque viajaba a Panamá.

Es una prueba más de que los paros recurrentes, que ya hacen parte de nuestra maltrecha cotidianidad, se originan fundamentalmente en fallas protuberantes de las relaciones “entre gobernantes y gobernados”, caracterizadas por la incomunicación y la subestimación sistemática de las situaciones y los reclamos ciudadanos (“el tal paro agrario no existe”); como resultado, se crecen los problemas, los ánimos se enardecen y el gobierno acaba superado por unos hechos que no supo o no quiso atender oportunamente, por lo cual debe actuar de afán e improvisadamente sin más argumento que prometer decisiones y acciones que de antemano sabe que no se cumplirán, por incumplibles o porque nunca habrá tenido la voluntad de hacerlo. Un tal comportamiento riñe con toda lógica administrativa y política, y va a contrapelo de las prácticas de “Buen Gobierno” que tanto se predican y nada se aplican.

El resultado es desastroso, pues se consolida el hecho que en Colombia para ser escuchado hay que parar y gritar, tomarse agresivamente la calle y perturbar la normalidad, perjudicando ante todo a quienes nada tienen que ver con el problema o con su solución: son hoy los millones de niños y niñas sin colegio; fueron ayer los ciudadanos a la espera de los fallos de los jueces y antier los campesinos; mañana… sabrá dios. Se desvaloriza la palabra oficial y la autoridad acaba por deslegitimarse a sí misma.

Esta vieja costumbre en el país, se agravó en los últimos años, por dos razones principales; la primera es que la actual administración es maestra en sacarle el bulto a “coger el toro por los cachos”, insensible al sentido de la oportunidad y la previsión; de otra parte, crece la protesta ciudadana, desmarcada de las viejas acusaciones de ser subversiva, que detrás está la guerrilla… a veces podía ser cierto, pero no siempre, por la sencilla razón de que la guerrilla nunca ha tenido tanta influencia; pero era una buena disculpa del gobierno de turno para no atender el reclamo ciudadano.

Al Presidente Santos le empiezan a pasar las cuentas de cobro de las promesas hechas a diferentes sectores ciudadanos, al calor de la campaña reeleccionista; hoy son los maestros y mañana serán los campesinos, y sigue la lista de sus acreedores políticos, que no son solo los congresistas. No se trata de evaluar acá si sus reclamos son justos y si la respuesta oficial es o no la adecuada, sino de plantear que es una pésima estrategia dejar que los problemas se agraven, pues son como el cáncer que tiene cura oportunamente tratado; al dejarlos avanzar sin atención, todos pierden empezando por el gobierno mismo, que puede que salga temporalmente del problema, pero a costa de ahondar la fosa que lo separa del querer ciudadano. El reelecto Presidente enfrenta el precio político de haber “prometido para ganar y una vez reelegido, no cumplir lo prometido”. Se le consolida a Juan Manuel Santos su Talón de Aquiles como gobernante, la falta de confianza ciudadana en su palabra, en sus compromisos, especialmente notorio en el tema de las negociaciones de paz; situación que han sabido aprovechar sus enemigos.

Un comentario final sobre el tema de los maestros. No es posible pensar en ser “el país más educado” si no se parte de respetarlos y valorarlos, no para ser complacientes con sus demandas, que sería populismo barato, sino para acordarles el reconocimiento que se merecen por la naturaleza de su trabajo y por su gran responsabilidad con una estrategia de transformación educativa, donde todos necesitan poner: maestros, gobierno, directivos, padres de familia. La discusión debe trascender lo puramente gremial, con unos reclamos valederos, para centrarse en los grandes cambios que no podrán realizarse ni imponiéndoselos ni a espaldas de los maestros. No es una tarea fácil, pero no hay otro camino; la ministra Parody claramente va por otro lado, equivocado. 

 

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