La telegraduación

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Tres millones setecientos mil estudiantes de secundaria tenían organizada su agenda de graduación del año 2020. Es una de las primeras promociones en estudiar bajo el influjo completo de la tecnología. Cuando ingresaron a los primeros años del colegio, el teléfono inteligente no era una casualidad ni una moda, era una costumbre en sus vidas. La música, los deportes, las artes, las tareas, sus fotos estaban interconectadas por un sinnúmero de aplicaciones que hacían sus vidas más fácil o por lo menos práctica. Sin embargo, en diciembre de 2019 un murciélago en un mercado en Wuhan les cambió toda su detallada programación.

Los proms habituales fueron suspendidos. Las últimas clases de su bachillerato se suplieron por unas teleconferencias que impedían la coloquial cercanía con sus compañeros. Fueron desplazados de sus aulas a los cuartos de sus casas en horarios inhabituales con la compañía de sus padres y hermanos, a quienes tampoco veían en esos momentos de un día normal. Todo cambió de un momento a otro. Hasta la ceremonia de graduación.

Un día recibieron la noticia de que el birrete con la beca y la toga no iban a estar en el campus en compañía de sus familiares, profesores y amigos. A cambio, tenían que volver a prender el computador y ver por la pantalla cómo la colombiana Karol G, los Jonas Brothers, Bad Bunny, Alicia Keys, Dua Lipa, Lebron James, la premio Nobel de Paz Malala, entre otros, los acompañarían también desde sus hogares, en la celebración de la culminación de su adolescencia e inicio de la etapa definitiva de sus vidas.

Al final, como en todas las promociones de graduandos que se respeten en los Estados Unidos, hubo también un invitado especial que se dirigió a ellos solo durante siete minutos porque según él mismo las anteriores graduaciones, incluida la suya, eran eternas y aburridas. Durante ese tiempo y sin la cálida presencia de los alumnos, el virtual speaker enmarcó su discurso en la necesidad de pasar la página de lo que normalmente nos hace sentir bien o lo que nos es más ventajoso y añadió: “lamentablemente, muchos de los supuestos adultos, incluyendo algunos con títulos y trabajos importantes, siguen pensando que saben lo que hacen, pero en realidad no tiene respuesta para todo. Por eso las cosas están mal”, concluyó el inusual visitante ante la telemirada del inmenso grupo de los futuros líderes del mundo libre.

Sus comentarios fueron rematados por tres consejos para su porvenir: no tener miedo, hacer lo que consideren correcto y el último, para mí no menos importante, construir comunidad. El mensaje condensado fue no dejar que las equivocaciones de algunos líderes en tiempos de COVID-19 trunquen los sueños y planes de una generación condenada a moldear su mundo. Una de las graduandas en una de las imágenes que durante la transmisión por redes y televisión abierta mezclaron entre Instagram y Tik Tok, resumió el reto de ellos citando al escritor y novelista afroamericano James Baldwin: “No todo puede ser cambiado, pero nada será cambiado hasta que se enfrente”.  

Da esperanza saber que una generación inmersa en las impresoras 3D, con el mundo en un celular o una pantalla digital, nacidos para hacer ruido, en el silencio de sus viviendas acompañados por los suyos, tengan la posibilidad de ver y oír a quien les pide con voz serena, que solo podrán vencer de forma rápida el enemigo invisible si permanecen unidos y “abiertos a las luchas de los demás, defendiendo como nuestras las batallas de los derechos de los otros. Siempre dejando atrás lo que nos divide”.

Barack Obama sabe que las democracias funcionan solo si tenemos en nuestra mente a los otros, porque el liderazgo mundial después del coronavirus está en nuestras manos y no en la exclusiva encarnación personalista y errática del poder.

@pedroviverost

 

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