Por: Juan Carlos Gómez

¿La televisión del Gobierno?

Ahora algunos se rasgan las vestiduras y lamentan que el poder ejecutivo otra vez vuelva a ser formalmente el amo y señor de la televisión en Colombia.

Ya es tarde. En junio pasado se reformó la Constitución para suprimir a la Comisión Nacional de Televisión (CNTV), ese ente supuestamente independiente y autónomo que defraudó a la democracia y al sentido común. El constituyente decidió a cambio —de manera un poco irresponsable— desguazar las funciones de la CNTV y que ellas se repartieran entre varias entidades, todas las cuales dependen del presidente de la República. Eso, ni más ni menos, es lo que se desarrolla en el proyecto que el Gobierno presentó la semana pasada a consideración del Congreso. ¿Por qué entonces tanta algarabía?

La realidad es que, bajo las nuevas reglas constitucionales, temas tan trascendentales para la democracia como el control de contenidos y la adjudicación y renovación de las concesiones quedaron a discreción del Gobierno. Si bien el proyecto de ley prevé la creación de una Junta de Televisión, todos sus miembros finalmente serán designados por el presidente. Esa inmensa responsabilidad jurídica y política que el Gobierno tendrá ahora a cuestas, puede pesar demasiado en elecciones presidenciales o al momento de otorgar una concesión.

El proyecto de ley no contiene ninguna decisión de política ni prevé medidas de fomento a la televisión pública o la producción de contenidos, y seguramente —como pasó en el trámite de la respectiva reforma constitucional— la mayoría de los congresistas se plegará a la voluntad del Gobierno. Así, quedará pendiente la regulación de la convergencia audiovisual y un panorama bastante confuso en las reglas de juego de la industria de la televisión, lo que no se compadece con su importancia para el desarrollo social y económico y la protección del talento nacional.

Como si fuera poco, en lo que resta del año, difícilmente se alcanzará a aprobar la nueva ley, lo que prolongará la vida de la CNTV en un momento crítico en el que tienen que resolverse temas como el tercer canal y la valoración de las licencias de televisión por suscripción. Es paradójico; el futuro quedó en manos de un espectro. Valga la alegoría.

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