Por: Daniel Mera Villamizar

La tensión entre lo que es y lo que debe ser para corregir acuerdo con las Farc

O de por qué esa es la decisión histórica de las elecciones de 2018.

En mi columna anterior, “Diez años: marchas del 4F contra las Farc, triunfo del No y abucheos”, critiqué el mensaje de Sergio Jaramillo según el cual “la inclusión política de las Farc garantiza que no se repita la violencia”.

Mi argumento fue que entonces “la violencia todavía es un recurso para las Farc (…) y Jaramillo piensa que la exclusión política lleva a la violencia, sin más”.

Carlo Tognato, eminente académico italo-colombiano, en un intercambio en Facebook, anotó que “la consideración de Jaramillo es una constatación empírica, no una evaluación normativa sobre qué es o qué no es legítimo”.

De hecho, el ex comisionado de Paz citó “un estudio de Charles Call de 25 conflictos internos que terminaron en los últimos 30 años”. Omitió, naturalmente, advertir si tales conflictos internos eran guerras civiles. 

O sea, el mismo ardid conceptual que se usó en el exterior para magnificar el Premio Nobel de Paz: asimilar el caso colombiano a una guerra civil. 

Mi respuesta a Tognato fue que ante la salida fácil de “no lo digo yo, lo dice este estudio, mi reclamo implícito era: de acuerdo, empírico, pero ahora díganos qué valor normativo le confiere”.

Vale decir: frente a “lo que es”, cuál es su pensamiento de “lo que debe ser”. Una sociedad se orienta por el “deber ser” dictado por los valores, no por “lo realmente existente” consecuencia de los poderes y los intereses. 

La voluntad popular negada y suplantada por el Congreso representa “lo que es”, pero nuestra conciencia del “deber ser” de la democracia nos dice que no está bien.

Instituciones y políticas públicas negociadas bajo el chantaje de la violencia representan “lo que es”, pero nuestra conciencia del “deber ser” nos dice que no está bien. 

Reos de lesa humanidad en política electoral  representan “lo que es”, pero son una espina en nuestra conciencia del “deber ser”. Y así.

Una sociedad sin conciencia del “deber ser” es una sociedad sin la brújula de los valores y principios. Los responsables de la negociación en La Habana, sin embargo, fueron demasiado lejos en el  “todo vale” por la paz con las Farc y perdieron la brújula. 

Para los que crean que la preocupación por el “deber ser” es sacada de la manga, aquí las palabras de Humberto de la Calle el 23 de marzo de 2016:

“Defendemos una solución al conflicto que respete los valores que son esenciales para Colombia. Aquí, estamos protegiendo los valores que nos definen como nación”. 

Dos años después resulta todavía más evidente que no fue así. ¿Y cuáles son las posiciones que tenemos al respecto en la campaña de 2018?

“Pasar la página” y “lo que fue, fue”, que son un llamado a aceptar resignadamente “lo que es”, la realidad fáctica, a pesar de que está en construcción. 

“Luz de esperanza”, que nos presenta “lo que es” con la virtud del “deber ser”, cuyo intérprete más extensivo en el gobierno sería Petro.

“Ni trizas ni risas”, que en el fondo reconoce que el “deber ser” solo podrá corregir “lo que es”, no cambiarlo del todo.

Como en cualquier sociedad libre y democrática, el contenido del “deber ser” es pluralista, pero en Colombia hay una gran mayoría cultural.

Mayoría latente y manifiesta, que no está conforme con “lo que es” respecto de la violencia pretendidamente política, con lo que esta consiguió y pretende conseguir.

Por eso “pasar la página” es como no terminar una conversación, como pretender que ciertas cuestiones históricas no requieren resolución explícita. 

En esencia, la misma estrategia de pretender que “constataciones empíricas” en boca de responsables políticos no tienen alcance normativo, influencia sobre el deber ser.

@DanielMeraV

 

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