Por: Enrique Aparicio

La tierra de los Toraja

Viajar a ese rincón del mundo requiere algo más que tiempo.  Sobre todo requiere de curiosidad y de un espíritu abierto a conocer y respetar otras costumbres y creencias.  Algo que en este momento hace mucha falta tanto a nivel nacional como internacional.

Para llegar a Tana Toraja, la tierra de los Torajas, en Indonesia  se necesitan 9 horas en automóvil desde el aeropuerto de la capital de la isla de Célebes, Rantepau.  Ojo, con un conductor mejor entrenado que cualquier bólido de Fórmula 1.  Jimmy -nombre occidental-, como se hizo llamar, manejando por la izquierda como es usual en Indonesia, nos llevó por carreteras muy angostas donde sentí que iba a ser parte del radiador de una “tractomula”; sin embargo nuestro timón sacó la cara por sus pasajeros.  Llegamos a un hotel en Rantepau, la capital de los Torajas.

Nuestro albergue llevaba ese signo de haber pertenecido a una de las mejores cadenas de hoteles, pero ahora en manos administrativas locales tenía su propio ritmo.  Muy bueno.  Bien. Salvo pequeñeces.  Pero insisto, muy bueno.  El servicio, excelente.

Nos sentamos en una mesa cerca al bar del hotel.  Mi compañera comenzó a gesticular.  Hacía señales que detrás de mí pasaba algo, pero no le salía un solo sonido.  Cara de terror pero sin voz.  Con tranquilidad miré hacia atrás y vi una rata enorme que nos quería hacer compañía.  Mi única reacción fue:

-También le gusta la cervecita fría.

-Enrique, los chistes flojos no aplican.

Aclaremos.  La tierra de los Toraja no sólo es algo exótico, sino espectacular para que la parte de comodidades y no comodidades sean una aventura.  Sigamos.  En su religión los Torajas no tienen infierno, todos van al cielo: “Puyá”.  ¡¡Aleluya!!  Pero ponga atención: para tener mejor sitio  en el cielo hay que hacer un esfuerzo importante, esto quiere decir en términos prácticos que en los funerales la familia debe aportar de preferencia búfalos que van a ser degollados y repartidos con el resto de la comunidad —no vamos a mostrar nada de eso en el Youtube—.

Voy a decir algo para poder continuar con esta nota.  Tengo un respeto profundo por los compromisos personales religiosos de cada ser humano, como en este caso de los Toraja.  Donde veo que empiezo a trastabillar es con los altos jerarcas de cualquier iglesia, que con abundante poder, personalizan el concepto espiritual.   Pero eso es otra historia. Sigamos.

Los funerales, como ocurren en otras partes del mundo, incluyendo regiones de Colombia, son un momento social.  La gente se reúne y aquí, en Tana Toraja, pudimos asistir a tres donde convivimos por unos instantes con las familias y gente del lugar.  Previamente entregamos un pequeño presente, un paquete de diez cajetillas de cigarrillos, un signo de aprecio a la estancia en el sitio en un momento importante para la familia.

Ahora viene algo que para mí fue un descubrimiento impensable:

Si por alguna razón el familiar se muere y no se tiene el dinerito para hacer un entierro decente, la gente de la comarca o pueblo sabe que fulanito esta “enfermo”, o sea lo mantienen momificado mediante inyecciones de formol que le conservan el cuerpo hasta el  momento en que se puede organizar el evento. 

Sigamos.  Una vez que se organiza el funeral, lo quiere decir que hay platica para que el “enfermo”, oficialmente se puede declarar como muerto, es decir, un “tomate”.  Créanme, con mucho respeto insisto.  Les juro que no estoy echando paja.  Así como lo leen, se convierte en “tomate”.   Es un vocablo de ellos, que no significa la legumbre, pero se pronuncia así: “tomate” y luego se le hace una escultura en madera de cómo era cuando estaba vivo, a esto lo llaman “Tau Tau” —ver Youtube—.

La región es preciosa. Obvio está la parte exótica, pero los campos de arroz con los búfalos de agua crean composiciones inolvidables.

Le expliqué a mi compañera que los búfalos de agua no se enferman, trabajan sin rechistar, son compresivos, no gastan y a todo dicen que sí.

En Vietnam -dije con gran propiedad- me comentaron que antes de tener una mujer uno debía adquirir un búfalo de agua.  ¿Qué opinas?

Con unos ojos verdes impenetrables y pensando las palabras que elocuentemente saldrían de su boca escuché:

-Vete a Vietnam y cómprate uno.  Pero por favor no se te olvide llevar el anillo adecuado.

Me gané la respuesta, así es que calladito no volví a tocar el tema.

Algo muy bonito, que nunca olvidaré: los Torajas entierran, muchas veces, a su gente en las laderas de las montañas, en tumbas en escarpados, pero a sus bebés, aquellos pequeños que murieron al nacer, los entierran en huecos que hacen en arboles con una savia blanca.  Ubican las tumbas en dirección a la casa de sus padres —ver Youtube—.  Dicen que la savia los alimentará, como la leche materna, durante su viaje a la eternidad o algo así.

Les agradecí a los Torajas que nos acompañaron, que hablaban español perfecto, su humildad y sinceridad de cómo mostraron las costumbres de su pueblo. Quedé y estoy agradecido de manera muy honesta por esta experiencia.

Que tenga un domingo amable teniendo en cuenta el respeto por aquellos que viven en otros mundos y merecen la comprensión de los que vivimos en otras culturas y consideramos que estamos en “lo cierto”.

En el Youtube se incluye la ducha de un búfalo de agua.  

 

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