Oposición critica a Duque: "El gobierno no plantea cambios de fondo que mejoren la crisis"

hace 3 semanas
Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

La Tierra nos apoyará si todos hacemos #HuelgaPorElClima

Mi amiga Isabel Barragán y yo estamos tomando el algo en el Salón Versalles, en Junín, a media cuadra del Parque de Bolívar. Tiene una camisetica muy ceñida, necesaria o suficiente para su cuerpero de luminosa belleza y chispeante sex-appeal. En la mesa de al lado hay una pareja de cuchos con una bandera arcoíris de la comunidad LGTBI. No somos, pero apoyamos, sonríe la mujer, con el pulgar arriba. Al frente varios señores batallan de buen modo con el crucigrama de este periódico y unos millennials descubren aterrados que en el mundo también hay empanadas argentinas o chilenas.

Te traigo una noticia inesperada, dice Isabel. Como en el conocido poema de Kavafis, agrega con un puchero de picardía. ¿Ganaste 60 liras en el garito?, le pregunto, y de falsa memoria cito los versos del poeta de Alejandría, Egipto: “Sus hermosos semblantes, su maravillosa juventud, / el sensitivo amor que entre sí se tenían, / se refrescaron, revivieron, se fortalecieron / por las 60 liras de la casa de juego”. No cumplo años el 11 de julio como yo creía sino el 10 de febrero, dice. ¿Cómo fue?, me aleteo. Sí, no soy cáncer sino acuario, como tú. Ah, con razón somos tan incompatibles, me burlo. ¿Pero qué pasó? Pestañea o parpadea, nunca se sabe con las divas. El amor acaba, dice a media voz, con la vieja cédula en la mano. No entiendo nada, digo. Algún día te explico, murmura. Es el bolero falaz de mi vida. Llama al mesero y pide un café con leche. Menos lactosa que cafeína, por favor. Suspira, suspira, suspira.

Y para terminar de ajustar mira lo que estoy leyendo. Saca un pequeño volumen: menos de 80 páginas. En la portada hay una niñita seria y compungida, trenzas largas, gorro de lana y abrigo amarillo contra chubascos. Como es casi previsible el libro se llama Cambiemos el mundo #HuelgaPorElClima (Lumen, mayo 2019). Ella es Greta Thunberg, explica Isabel, la adolescente sueca que cada viernes no va al colegio, se planta ante el Parlamento en Estocolmo y hace huelga por el clima. So cute, digo, haciéndome el señorón. Mucho más que eso, me corrige. Qué parcera tan tesa.

Con la puntica de la lengua, Isabel tantea la temperatura del café: es boquicaliente y todo le parece frío. Este librito es una recopilación de discursos, posts o conferencias de Greta en Londres, Estocolmo, Davos, Bruselas, Helsinki, Katowice, Facebook, Twitter, Instagram. Le han dicho de todo: culicagada, infantil, copietas, enmermelada por el Contrapoder, terrorista disfrazada de Caperucita Roja. En las redes, ese oscuro gobierno de muchedumbres, se burlan de su síndrome de Asperger y de su mutismo selectivo. Le vale forro. Su mensaje es directo, categórico, inapelable: “no hay grises cuando se trata de sobrevivir”. La deberías leer, dice Isabel, y se seca una lagrimita. Si seguimos como vamos a la Tierra le va a pasar lo mismo que le pasó a mi fecha de nacimiento: la borrarán del registro, o sea, del Sistema Solar. ¡Todos a la huelga por el clima!, digo para animarla. El marido de la mujer con la bandera arcoíris levanta el puño. ¡Somos o no somos!, exclama, y hasta los cuchos del crucigrama aprueban con la cabeza.

Rabito: “No quiero que sean optimistas. Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días. Y entonces quiero que actúen. Quiero que actúen como lo harían si estuvieran en una crisis. Quiero que actúen como si nuestra casa estuviera ardiendo. Porque así es”. Greta Thunberg. Discurso en Davos, 25 de enero de 2019.

@EstebanCarlosM

 

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