Por: Héctor Abad Faciolince

La Tierra que te espera

Siempre hemos contado el fin del mundo en un tono de leyenda —casi como un relato infantil— o, de un modo más sofisticado, en tono religioso, apocalíptico. Algo muy parecido podría decirse sobre el origen del mundo: de un lado están los relatos legendarios que se cuentan a los niños, y del otro los relatos religiosos de las distintas cosmologías, empezando por el Génesis bíblico.

Desde hace un par de siglos, en contra de estos relatos fantásticos, el pensamiento científico ha propuesto una lectura precisa, basada en datos físicos, estratificaciones geológicas, mediciones astrofísicas, que explican con exactitud las grandes eras y épocas de la Tierra, las cuales incluyen la aparición de la vida, o las grandes extinciones a las que ha estado sometida la vida en nuestro planeta. Desde cuando se terminó la última glaciación, hace unos 11.700 años vivimos en un período interglacial (entre dos glaciaciones) llamado Holoceno.

Sin embargo, y debido a la brusca y reciente aceleración del calentamiento global, muchos científicos proponen que llamemos antropoceno al período histórico que estamos viviendo, dado el repentino cambio climático ocurrido por la actividad humana, especialmente a partir de la Revolución Industrial y la quema de combustibles fósiles. Las grandes comodidades que nos ha brindado esa revolución las empezamos a pagar ahora y las pagarán con más intereses las generaciones futuras en un planeta que se hará menos y menos habitable, más y más inhóspito con el pasar de los decenios.

De todo esto nos habla un libro al mismo tiempo fascinante y aterrador, The Uninhabitable Earth: A Story of the Future, de David Wallace-Wells, que saldrá en español en octubre, publicado por Debate. El libro, para quienes ya estábamos alarmados con los efectos del calentamiento global, se lee con el miedo de una novela de terror, pero sin el consuelo de que se trata de una novela: no, no es una novela, es el escenario más probable que verán nuestros hijos y nuestros nietos dentro de medio siglo: incendios sin control que van a empeorar el calentamiento creciente, seguidos por huracanes y tormentas incontrolables que arrasarán a su paso con todo aquello que no había sido borrado por los incendios. Ciudades bajo el agua a lo largo de las costas, islas que se borran del mapa y quedan sumergidas bajo el océano…

Nada que no supiéramos, dirán los mejor informados, es decir, los pesimistas. O nada que no pueda resolver la tecnología del futuro, dirán los optimistas mal informados que creen que por tener el modelo más reciente de iPhone podrán prevenir a tiempo cualquier catástrofe, o escapar de ella siguiendo las instrucciones de Siri. Pues no: el teléfono inteligente se parece más bien al hueco donde mete la cabeza el avestruz para no ver la destrucción circundante. Muchas cosas nos ha dado la tecnología, incluyendo las energías verdes, pero estas solo se han añadido al consumo del planeta sin disminuir las emisiones de carbono de las tradicionales.

Wallace-Wells nos pasea por las hambrunas, por el aire irrespirable de las ciudades, por los incendios incontrolables, por la falta de agua potable, por los efectos de las nanopartículas de plástico que respiramos y que nos comemos, por las nuevas plagas y epidemias desatadas por el cambio climático o por el despertar de bacterias congeladas bajo el permafrost o los cascos de hielo de las regiones polares. Y todo esto acompañado por migraciones de cientos de millones de desesperados, por nuevas guerras y nuevos delincuentes, por pérdidas económicas incalculables.

Aquellos que desprecian el mensaje de Greta Thunberg no podrán despreciar los datos de este libro serio, que recoge lo más confiable de los hallazgos científicos recientes sobre el calentamiento global. Si Bolsonaro quedó en ridículo en la ONU al menospreciar el efecto de los incendios en la Amazonia, consuela que Duque señalara allí mismo al cambio climático como el tema más urgente e impostergable de nuestro tiempo.

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2019-09-29T00:00:27-05:00

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2019-09-29T00:15:01-05:00

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