Por: Felipe Zuleta Lleras

La tortura migratoria

Hoy hace exactamente 10 años que sucedió el ataque terrorista en contra de los Estados Unidos.

Resulta imposible no recordar el desplome de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono. Ciertamente los americanos fueron víctimas de una agresión que nunca calcularon y que dejó ver las debilidades de lo que hasta ese momento era el imperio intocable.

Pero esta embestida también puso en evidencia la falta de liderazgo del entonces presidente, George W. Bush, quien reaccionó de una manera cuestionable, metiendo a su país en guerras contra Irak y Afganistán que le han costado al pueblo norteamericano billones de dólares y miles de jóvenes soldados muertos, en una estrategia que no ha producido los resultados esperados y que, aún hoy, tienen al actual presidente, Obama, en líos.

Por supuesto que no sólo los americanos han sido víctimas de eso, pues, sin lugar a dudas, lo han sido también todos los ciudadanos que por cualquier razón deben ir a los Estados Unidos. Mucho más, por supuesto, quienes deben pedir visas y pasar por un proceso tortuoso cada vez que llegan frente a un agente de inmigración de ese país.

Foto, toma de huellas, miradas suspicaces, preguntas innecesarias, malos tratos y toda clase de vejámenes y agresiones que hacen sentir al viajero como si fuera un criminal perteneciente a una red terrorista. Entiendo que el gobierno americano deba protegerse de ataques y asegurar el bienestar de sus ciudadanos. Pero, ciertamente, resulta muy desagradable pasar por esa tortura cuando uno quiere ir a los EE.UU., normalmente en plan de turismo, o a ver a los amigos.

Yo hace mucho tiempo decidí que, salvo por una emergencia, no visitaré a mis amigos que viven en EE.UU., porque habiendo otros lugares para visitar, en donde no lo someten a uno a esa tortura migratoria, no tiene sentido ir por placer a un sitio en donde ciertamente no lo hacen sentir a uno bienvenido.

No conozco a nadie que no haya tenido alguna mala experiencia con los agentes de inmigración. Es más, aun mis amigos americanos me cuentan que ellos también son víctimas de ese sistema inquisitorio. Claro, la diferencia es que a ellos les toca ir, pues ese es su país, y en cambio uno tiene la posibilidad de evitarlo. Eso es lo que llaman los placeres negativos. Jamás pensamos que ese ataque terrorista alevoso a los EE.UU. cambiaría para siempre la historia de la humanidad en este siglo y nos tocara a todos.

Notículas

1- Excelente la ratificación del general Óscar Naranjo en la dirección de la Policía. Sin duda, Naranjo es una garantía para los ciudadanos. Y debemos decir que si bien siempre criticamos el ataque a Reyes en territorio ecuatoriano, resulta absurda la decisión de la justicia de ese país de pedir arresto para el entonces alto mando y del general Naranjo. ¡Va nuestra solidaridad!

2- Magnífica opción para comerse la mejor pizza de Bogotá en el nuevo restaurante Julia, ubicado en la carrera 5 No. 69A-19. La calidad de los productos que utilizan marca la diferencia.

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