Por: Carolina Botero Cabrera

La tragedia con WhatsApp

¡WhatsApp no funciona! Fue noticia el 3 de mayo. La aplicación no funcionó ni en Europa, ni a lo largo y ancho del continente americano, durante aproximadamente tres horas sin que sepamos todavía por qué.

La alarma se justifica porque WhatsApp sirve a más de mil millones de personas en el mundo. La empresa fue comprada por Facebook en 2014 y sigue creciendo. Es uno de los servicios incluidos gratuitamente en planes móviles de internet (modalidad “zero rating”) en el mundo y en Colombia.

Las redes y los medios colombianos hicieron eco del problema, y los memes eran hilarantes. Pero pocos preguntaron por ese problema de estabilidad, menos por la dependencia de tantas personas en una aplicación. Porque, además, esto no es exclusivo de WhatsApp, sucede con muchos otros servicios, en esencia, porque internet va alejándose de la idea original de red descentralizada y abierta. En su lugar, se centraliza en servicios cerrados masivos.

Así, por ejemplo, aunque el correo está pasando de moda, funciona en una forma mucho más abierta que los nuevos servicios. El correo electrónico se diseñó para transmitir mensajes entre personas, pero el servicio lo presta cualquiera que se conecte usando el mismo estándar abierto. De esta forma, usando Gmail envío un correo a quien usa Hotmail o incluso al que tiene su propio servidor. Y nos comunicamos sin que nos enteremos de lo que sucede entre bambalinas.

En cambio, los nuevos servicios como redes sociales o chats se han construido sobre estándares cerrados, que no permiten la interconexión entre ellos, centralizando el servicio y dándole más poder al intermediario. El control de estas grandes empresas sobre el servicio no solo nos impide enviar un mensaje entre aplicaciones distintas (de WhatsApp a Signal, por ejemplo), también nos desanima a migrar de un servicio a otro (de Signal a Telegram, por ejemplo) porque perdemos nuestra red de contactos y nuestro historial.

Por eso, cuando se caen estos servicios vislumbramos la tragedia. Entramos a estas redes cerradas y quedamos atrapados en ellas para comunicarnos, convencidos de que no hay otra forma de hacerlo. ¿Todavía podemos cambiar esto? ¿Es muy tarde para pedir que el chat y las redes sociales sean interoperables como el correo?

 

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