Por: Andrés Escobar

La tragedia de los comunes

La literatura económica se ha apropiado del término “tragedia de los comunes”, inicialmente propuesto por el ecologista estadounidense Garrett Hardin.

Se utiliza ampliamente para describir situaciones en las que individuos con acceso libre a bienes de propiedad común sobreexplotan dichos bienes hasta agotarlos. Lo interesante, y dramático a la vez, es que cada individuo, buscando su propio beneficio, termina por perjudicar al común.

Los escándalos de corrupción que diariamente inundan los medios son claras manifestaciones de este fenómeno. Si la vigilancia de lo público no es la adecuada, ciertos individuos terminarán por tener acceso libre a los recursos públicos y los usarán en beneficio propio, en claro detrimento del bienestar del común. Aquí no se están robando los recursos de la salud o los impuestos; se están robando los recursos que los colombianos aportamos a la salud y nuestros tributos. La plata de todos.

Lo anterior no debe llevar a pensar que reformar el sistema de salud para aumentar su cobertura sea indeseable, o que haya que pensarlo dos veces antes de decidirse a recaudar más impuestos. Tampoco debe pensarse que, dada la baja capacidad de gestión de un inmenso número de administraciones locales, haber reformado el sistema de regalías para llevar recursos abundantes a lugares que no están preparados para recibirlos sea un error. Los recursos se necesitan, pero no es suficiente con generarlos. También hay que cuidarlos. A futuro, la acción estatal y de los ciudadanos debe concentrarse mucho más en prevenir tragedias de los comunes que en descubrirlas y denunciarlas.

El problema de fondo es que la importancia de lo público no ha permeado suficientemente nuestro inconsciente colectivo. La idea de que no está mal robar mientras haya gestión es absurda, pero se oye a menudo y refleja un alto grado de desánimo frente a un problema que a todos afecta pero que a pocos preocupa lo suficiente como para generar reacciones. Al oír las incesantes noticias de los últimos meses, de la indignación pocas veces pasamos. Salimos a seguir viviendo la vida como si nada. Una verdadera tragedia.

El Gobierno ya se empezó a pellizcar con este problema. ¿Qué va a hacer usted?

andres.escobar@econceptaei.com

 

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