Por: Ricardo Bada

La traición a Manuel Puig

Arreglando un sector de nuestra biblioteca, volví a tener en mis manos una biografía de Manuel Puig, del grande y malogrado escritor argentino, el autor de La traición de Rita Hayworth y El beso de la mujer araña.

Una biografía que se titula Manuel Puig y la mujer araña y su autora es una estadounidense, Suzanne Jill Levine, quien fue traductora de Puig al inglés. Y lo poco mucho que debo decir al respecto es lo siguiente: que el libro, en vez de titularse como se titula, debiera haberse titulado La traición a Manuel Puig.

Recuerdo aún que, después de haberme metido este libro entre pecho y espalda, me quedó la sensación de que la autora y la editorial habían desperdiciado un tiempo enorme y de paso habían dilapidado una reserva forestal. Todo hubiera sido más fácil, para ellos y los interesados en la vida y obras de Manuel Puig, si hubiesen codificado el material íntegro en un banco de datos o en un CD.

Aunque la verdad es que no puede imputársele la culpa tan sólo a la autora o la editorial. La lista de agradecimientos del libro se lee como si fuera el canon de créditos de una de las últimas películas de Stanley Kubrick: por lo tanto es permisible la sospecha de que al menos uno solo de los agradecidos, uno, uno solo nomás, debería haber tenido el coraje o la clarividencia de decirle a la autora que este libro —como libro— era una traición a Manuel Puig.

Y es que hay una generación, a la cual según todas las evidencias parece pertenecer Suzanne Jill Levine, que no ha leído las biografías de Stefan Zweig ni tampoco las de André Maurois. Hélas! Pues el pecado mayor, la traición a Manuel Puig que significa este libro, se comete al convertir lo que fue materia prima vital en un texto generador de bostezos.

El lector, digamos académico, quizás goce con él de un ágape a cuyo lado las bodas de Camacho y el festín de Baltasar desciendan a la categoría de sancocho recalentado en una cantina de barrio. Pero el lector de a pie, como usted y como yo, tendrá que ponerse al final de la lectura en manos de un ortopeda de acrisolada experiencia a fin de que le logre reencajar la mandíbula. Y hacer luego una cura de rehabilitación releyendo María Antonieta o Disraeli. Esa fue la terapia que seguí, y les aseguro que quedé por completo restablecido.

 

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