Por: Alvaro Forero Tascón

La trampa de adelantar la primera vuelta

Los consultores políticos tienden a recomendar a los candidatos presidenciales ir a los extremos en la primera vuelta y acercarse al centro en la segunda.

La razón es que en competencias de muchos candidatos, los extremos contienen electorados que ven el mundo en blanco y negro, menos divididos, más activistas y más dispuestos a votar, mientras que el centro del espectro político tiene más tonos grises y por ende más candidatos y más electores dudosos, que solo deciden su participación al final. Los candidatos extremistas logran consolidar una base de apoyo sólida temprano, que los muestra viables en las encuestas, lo que les permite mantenerse a la ofensiva en propuestas y agresivos contra sus contrincantes y el gobierno de turno.

Por el contrario, los candidatos de centro son más fuertes en segundas vueltas porque tienen capacidad de juntar electores de diferentes tendencias, especialmente los que se quedan sin el candidato de sus preferencias iniciales. Pero tienen dificultades para mostrarse viables en primera vuelta, excepto cuando la polarización genera rechazo de la población y logran colarse por la mitad con velocidad.

En esta elección se cumplió la regla de los consultores políticos: los candidatos de los extremos crearon la narrativa de la campaña —Petro puede ganar— y se alimentaron de los miedos y esperanzas que esta produjo, disparándose en las encuestas. Pero no se dieron cuenta que adelantando la primera vuelta al 11 de marzo, estaban adelantando también la segunda, porque la primera vuelta iba a tener una dinámica de segunda. Con una diferencia, muy grande: que aún estarían vivos los candidatos de centro.

Una cosa es ir hacia el centro a recoger electores de candidatos eliminados en primera vuelta, y otra tratar de hacerlo con los candidatos de centro en la contienda. Y una cosa es sacar las primeras dos votaciones para pasar a segunda vuelta, un resultado irreversible, y otra muy distinta puntear en las encuestas, una situación reversible.

La dinámica de segunda vuelta que estamos viendo es resultado de que Iván Duque necesita crecer para tratar de ganar en primera vuelta, porque en segunda es vulnerable, pero no le alcanzan los votos del extremo derecho. Y Gustavo Petro necesita crecer para tratar de demostrar que sí puede ganar en segunda vuelta, porque las encuestas muestran lo contrario. Para lograrlo, ambos necesitan votos de centro y de maquinarias que hoy tienen los candidatos de centro. Pero la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría muestra que Duque y Petro empezaron a caer y Fajardo a subir; y las adhesiones partidistas a Vargas Lleras, que falta contar los votos de maquinaria.

Esa búsqueda del centro tiene tres peligros para los candidatos de las extremas: abandonar la polarización, que equivale a dormir los cocos del petrochavismo y del uribismo que tan buenos resultados estaban produciéndoles; parecerse a algunas posiciones de centro de sus contendores, dejando de distinguirse como los candidatos del cambio; y permitir que los contrincantes de centro los desvistan y presenten como poco confiables. Por eso, creo que acercándose la elección, recurrirán de nuevo al populismo, atacando a las élites políticas uno, y a las económicas el otro.

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