Por: Antieditorial

La transparencia no puede ser un espejismo

Por Iván H. Lara V.

Mucho se ha hablado del proceso de selección del nuevo contralor general de la República. Más mal que bien.

Y es que es inaceptable que una labor de control sobre las finanzas de la nación, el dinero que todos los colombianos aportamos mediante impuestos, sea otorgada mediante un proceso que tiene de todo menos transparencia y honestidad. ¿Cómo es posible que el anterior Senado haya considerado asuntos tan cruciales como el que el nuevo contralor, en pro de esa misma honestidad y transparencia que debe tener el director de tan crucial cargo, deba estar libre de cualquier tipo de acusación o antecedentes judicial o que por conflicto de intereses (aunque la Constitución ya lo contempla) estuviera emparentado/a con algún funcionario de alguna de las entidades que participarán de la selección del contralor, y así, sin más justificación, la nueva mesa directiva del Senado haya eliminado esas mínimas condiciones?

Esos cambios introducidos por la nueva mesa directiva del Senado, en cabeza del señor Ernesto Macías, apuntan a crear las condiciones favorables para que el candidato de su colectividad, quien además es esposo de una senadora del mismo partido, pudiera entrar a participar de esta selección.

Veamos el escenario: el presidente del Senado, cuestionado por fraude en sus hojas de vida por cuenta de sus diplomas de estudio, creando las condiciones “legales” para que otro personaje, también cuestionado por comportamientos y delitos similares, pero de otra envergadura, participara para ocupar el cargo de control fiscal más importante del país, pudiera concursar sin las condiciones razonables, legales y que daban un mayor grado de transparencia ya establecidas anticipadamente por la anterior mesa directiva del Senado.

Si Lafaurie llegase a ser elegido contralor general del país, sería como el caso del exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno, pero aquí sabemos anticipadamente que el personaje puede, porque ya lo ha hecho, actuar corruptamente en ese cargo. Como dijo el actual contralor, dr. Maya: “un violador cuidando un jardín infantil”.

Ahora bien, ¿se debe dejar de cuestionar y respetar este proceso por parte de los evaluadores en aras de no socavar la institucionalidad de los entes legislativos u otros implicados en este?

La periodistas Mabel Lara trinó: “Lo que sí molesta es que sus decisiones no nos están representando y vienen decidiendo por nosotros y nuestros hijos sin ningún control ciudadano”. Y es que lo que está sucediendo en el interior del Senado de la República, estos actuares que rayan en lo inconstitucional, por tanto de lo ilegal, producto de la megalomanía de los integrantes del partido de gobierno, no es controlado por la Procuraduría, ni la Corte Suprema o la Corte Constitucional o la Comisión de Acusación, ¡ni por nadie!

Cuando hay la comisión de un hecho evidentemente punible y doloso, los entes de control no deberían esperar a que haya una denuncia para actuar, deberían hacerlo de oficio. Así se evitaría hacer daño, precisamente, a la institucionalidad, en este caso del Senado de la República, por el actuar inapropiado de sus representantes o comisionados.

@IvanHLaraV

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