Por: Iván Mejía Álvarez

La treinta

La fase final del fútbol profesional colombiano tuvo unos actores de primer nivel: los porteros. Ellos fueron los grandes héroes de jornadas en las que la incapacidad atacante, el fútbol defensivo, las faltas, las fricciones, el apegarse a una sola instancia del juego, la táctica en función defensiva, fueron el común denominador.

En el duelo entre América y Millonarios, en su doble confrontación, el turno en Cali fue para Nicolás Vikonis. Inmenso, lo atajó todo, inclusive un penal que bien pudo ser la clave final de la calificación azul. En Bogotá, Carlos Bejarano volvió a tener el rol de gran protagonista, como ya lo había hecho en Barranquilla ante Júnior. Lo que atajó el domingo en El Campín fue histórico, abajo y arriba, desde los doce pasos a Del Valle, saliendo y cortando.

La serie entre Nacional y Tolima tuvo al gran Franco Armani como un protagonista excepcional en Ibagué. Si Nacional no salió goleado fue por la actuación de su gran portero. Y después, cuando llegó la hora de la verdad, el golero Joel Silva fue espectacular en los tiros desde el punto penal para sentenciar la presencia del equipo de Gamero en semifinales.

La clasificación de Millonarios y Santa Fe a la gran final deja algunas verdades: técnicos extranjeros que no arriesgan mucho, muy prácticos en sus esquemas, que prefieren la teoría de los bloques que el fútbol articulado. Tanto Miguel Ángel Russo como Gregorio Pérez miran primero para su arco para después buscar con rápidas transiciones el gol.

Santa Fe es una máquina de hacer puntos y su presencia en finales está justificada en una gran campaña. Tiene en la pelota quieta su gran arma ofensiva, trabaja en las cortinas y los emparejamientos para sacar ventaja en todos los cobros. El que se equivoque con los rojos, la lleva.

Millonarios elabora más, busca el juego interior y tiene claro que mover por todo el frente a Ayron del Valle le da resultados, porque él aprovecha las opciones que tiene. Porteros veteranos en gran nivel, técnicos extranjeros enseñados a jugar instancias definitivas, cero compromiso con el espectáculo, partidos que son cortados, pierna dura, roces, que exigirán árbitros con personalidad, en una final inédita entre equipos bogotanos. El fútbol de Colombia pasa hoy por la NQS.

 

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