Por: Lisandro Duque Naranjo

La UIS

RESPONDO LA CARTA FIRMADA POR el doctor Miguel Pinilla, ex rector de la Universidad Industrial de Santander (UIS), y miembro del Consejo Superior de ese centro educativo.

Dicha carta fue publicada el pasado domingo en la página 60  de El Espectador, y cuestiona, en forma respetuosa, los términos de mi columna del 23 de junio titulada “¿Ministra de Educación?”, en la que  sustento algunos motivos por los que no debió haberse reelegido al rector de la UIS, el doctor Jaime Camacho Pico.

Sugiere el doctor Pinilla que los columnistas no debemos señalar las conductas sospechosas de los funcionarios hasta tanto sobre las mismas no se haya cumplido un “debido proceso”. De admitirse semejante límite a la crítica, la prensa perdería una de sus razones superiores de ser: la de prestar su acústica a los reclamos de los ciudadanos frente a las autoridades que los intimidan. 

Claro que el oficio de columnista exige  prudencia, pues no se puede rifar la reputación de nadie ventilando denuncias que al final resulten improbables. Si ese fuera el caso de mi columna anterior, estaría dispuesto a rectificar. Pero hasta el momento sigo exento de ese compromiso, en vista de que cuanto sigo sabiendo de la UIS me confirma que el doctor Camacho Pico y el Consejo Académico (que no es lo mismo que El Consejo Superior) ejercen una actitud cuartelaria desde la dirección de esa universidad. Veamos: “Clausuraron el periódico estudiantil Pro-Texto (…) Desalojaron por la fuerza la “sede de los estudiantes”, que por más de 40 años perteneció a la comunidad estudiantil en general (…) El 24 de junio de 2008,  expulsaron a 2 estudiantes. Este proceso de expulsión había comenzado con la apertura de investigación ordenada por el Consejo Académico, ‘a través de un grupo élite del mismo’ (comillado mío) a 17 estudiantes”.

Dos profesoras de historia, una rusa con 23 años de residencia en Bucaramanga, Elena Stashenko, y una colombo francesa,  Ivonne Suárez Pinzón, reciben amenazas permanentes, en persona y por teléfono, lo que las tiene en permanente estado de pavor. El asedio a la última de ellas comenzó a presentarse luego de expresar su desacuerdo por un diplomado de “Historia Militar” convocado sin consultarla, no obstante ser la Directora de la Escuela de Historia. El que uno de los conferencistas fuera José Obdulio Gaviria, no deja de ser un dato de interés. Nada personal.

A la directora de Comunicaciones, Johanna Inés Delgado, la Secretaria General  le ordenó grabar, con los equipos de televisión, a los líderes de una movilización estudiantil, el 13 de febrero de 2009. Como esa orden reñía con “las funciones y la tarea misional que compete desarrollar a los profesionales de la Comunicación”, la doctora Delgado presentó renuncia a su cargo.

Como se dará cuenta, doctor Pinilla, lo que ocurre en la UIS hace difícil esperar  pacientemente a que transcurra “el debido proceso” antes de poder opinar sobre anomalías que cada vez fermentan más los nervios de esa comunidad. Y que comenzaron a presentarse hace dos años, luego   de la conversación del rector Camacho Pico con “Felix” revelada recientemente. Dice el doctor Pinilla que luego de ocurrida esa conversación, “jamás el interlocutor anónimo volvió a contactar al rector y éste confió que el asunto no pasaría a mayores, como en efecto sucedió”. De mi parte pienso que el rector, faltando a la transparencia, se guardó para sí una información que debió hacer extensiva a los estamentos amenazados. Desde luego, y por fortuna, allí no ha habido muertos, el “plan pistola” no arrancó. Algo hizo el rector por su cuenta para que no se llegara a la tragedia, eso es evidente. Quizás expulsar estudiantes levantiscos, o aburrir profesores muy críticos, sea una forma de salvarlos por un lado, y calmar por el otro a los que quieren eliminarlos. Y no lo digo por ironía. El problema es que a los estamentos de la UIS les molesta que a cambio de que se les perdone la vida tengan que ver recortadas sus libertades.

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