Por: Juan David Zuloaga D.

La unidad nacional

HACE UN AÑO MUCHO SE HABLÓ DE la “unidad nacional”, pues, como se sabe, fue el lema de la campaña de Juan Manuel Santos.

Ahora que nos acercamos al término del primer año de su gobierno, sería un buen momento para hacer un alto en el camino y evaluar si la tan mentada “unidad nacional” de un año ha sigue teniendo vigencia, si ha ganado fuerza, si tiene algún futuro.

Decía Ortega y Gasset en España invertebrada y también en La rebelión de las masas que una nación es, sobre todo, un proyecto para futuro, un vivir con otros porque hay una meta común, un motivo para asociarse. En ese caso, la unidad nacional en Colombia se viene forjando desde hace varios lustros por unas metas comunes que de manera cruda y dolorosa le imponen a todos los habitantes, como un imperativo, una idea de futuro, pese a la aparente polarización que por momentos retumba en los distintos cauces por los que la opinión pública discurre.

Las metas, decía, se han ido forjando como respuesta a los gravísimos problemas que hacen presencia en el complejo panorama de la realidad nacional. No siempre ocurre de igual modo. Más aún: puede suceder que los problemas tiendan a dividir en facciones a los ciudadanos de un mismo país. No ha ocurrido así en Colombia. Los males recientes que han golpeado a la Nación han sido de tal magnitud y de índole tal que hay acuerdo sobre los objetivos, aunque, en ocasiones, haya desacuerdo en los caminos que nos llevarían a su feliz cumplimiento. Todos los colombianos soñamos con un país sin narcotráfico y sin grupos insurgentes, por ejemplo. Y no siempre fue así. Hasta no hace mucho, algunos ciudadanos de bien consideraban que la creación de ciertos grupos militares al margen de la ley era un mecanismo efectivo para combatir a grupos guerrilleros que durante décadas no habían podido ser derrotados por las fuerzas militares. Hoy en día hay consenso en que si por algo debe propender el Estado es por el fortalecimiento de sus instituciones. Fortalecimiento que no sólo se circunscribe al ámbito militar sino a la eficiencia en el sistema judicial, a la transparencia en los sistemas de contratación, a una depuración en los funcionarios estatales (que estén mejor cualificados y sean más eficientes) con el propósito de que todo ello repercuta en menores índices de corrupción, en una mayor inversión social (en salud, educación y vivienda), en una óptima distribución de los recursos.

Que hay consenso en las metas nacionales (es decir, que hay un proyecto de futuro común, que hay Nación) lo muestra el índice de respaldo que han tenido los últimos dos presidentes, hasta los noventa puntos porcentuales de aprobación de su gestión que hace unos meses mostraban los sondeos para el actual presidente.

Esto hace que sea una oportunidad única para el país que no podemos desaprovechar. Parece que se está haciendo bien el trabajo y se puede seguir haciendo bien, y se puede hacer mejor. Para consolidarnos como Nación, para crear un país donde la palabra ‘futuro’ no genere tristeza ni sea motivo de vergüenza, para forjar un país grande y lleno de hermosas posibilidades para las generaciones por venir. Entonces no deje, señor presidente, pasar esta preciosa oportunidad.

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