Por: Aura Lucía Mera

La verdad de lo que ha pasado en nuestros cuerpos

“Cada vez que me desnudo por las mañanas para bañarme. Cada vez que me miro en un espejo. Cada vez que recuerdo las violaciones. Cada vez más siento que para poder sanar mi cuerpo y mi alma tengo que perdonar pero, para perdonar tengo que contar la verdad, que la justicia llegue, que se nos tenga en cuenta, que se nos crea”.

“En Bogotá, ni los funcionarios del gobierno, ni nadie, sabe lo que realmente ha pasado con las mujeres víctimas de las agresiones sexuales de paramilitares, guerrilleros y militares. En Magdalena sucedieron casos que jamás han salido a la luz pública, como niñas que no pueden usar camisetas cortas porque sus torsos han sido quemados con ácido. Otras que tienen que cubrirse porque les han cortado los pezones. Otras a las que sus propios padres ‘prestaban’ a los violadores. Y muchas violadas por otras mujeres paramilitares, guerrilleras lesbianas”.

“...Yo personalmente perdoné para poder sanarme, pero no tengo miedo a decir la verdad a los cuatro vientos. Necesitamos que las mujeres tengamos VOZ, participar en el proceso de paz”. “...Recibo amenazas, panfletos, tengo que andar con escoltas, pero no me importa... Si esos hombres hicieron con mi cuerpo lo que les dio la gana, ya qué más puedo perder”. Ya hemos logrado judicializar muchos casos... Seguiré trabajando en esto... Se volvió parte de mi vida... Así pierda mi vida... O lo que me queda de ella”.

Testimonio de Betty Cortina en la escalofriante entrevista de Canal Capital, realizada por Baltasar Garzón y Pedro Medellín en su programa de todos los miércoles Hablemos de paz y derechos humanos.

Las mujeres han sido las verdaderas heroínas en esta lucha fratricida entre narcos, paras, guerrilleros y militares. Además de los ultrajes en sus propios cuerpos, han mantenido el rol de madres de familias, cabezas de hogar, proveedoras del sustento. Las que tienen que seguir el camino sin mirar atrás sus tierras, sus maridos y compañeros, sus hijos, asesinados, botados en fosas comunes, calcinados en ladrilleras, desmembrados arrastrados por los ríos.

Estas mujeres tienen nombre, apellido, edad, historias grabadas en sus cuerpos y en sus almas. Tienen que ser visualizadas, tener VOZ en este conflicto. Es inaceptable que no participe ninguna mujer en los diálogos de La Habana . Sus historias nos revelan la verdadera historia de estos genocidios. Solo con ellas como interlocutoras llegaremos a la verdad, al perdón y a la paz.

P.D. La revista Arcadia en su última edición nos trae ocho historias de mujeres que jamás han tenido el reconocimiento público que merecen. Destaco la de Lisinia Collazos, líder del cabildo indígena Kitekkiwe, víctima de la masacre del Naya, sobreviviente y militante del Movimiento Pacifista La Ruta Pacífica. “...Todas tenemos que ser escuchadas. Cuando se guarda tanto adentro, el alma muere...”.

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