Por: Andreas Forer

La verdad, unas de las garantias de no repetición

No es mi pretensión abordar el tema de la Verdad en toda su dimensión...

No es mi pretensión abordar el tema de la Verdad en toda su dimensión ni abarcar aspectos que ameritan un debate de grandes proporciones como su definición, por ahora, siguiendo la línea de las garantías de no repetición en la ley de Justicia y Paz que toqué en mi anterior columna, esta semana hablaré acerca del derecho a la verdad que tienen tanto víctimas y sus familiares como la sociedad en su conjunto, a saber la realidad acerca de las graves violaciones de los derechos humanos cometidos en el pasado, puesto que el conocimiento de éstas, representa en sí mismo una garantía de que los hechos victimizantes no se repitan en tanto genera conciencia en torno a la barbarie del conflicto.

Como lo manifiesta el preámbulo del decreto que establece la Comisión Nacional de  Verdad de Chile “Sólo sobre la base de la verdad será posible crear las condiciones indispensables para alcanzar una efectiva reconciliación nacional”. Como se puede ver, la teoría es simple y puede resumirse en unas cortas líneas, sin embargo en la práctica el tema se torna un tanto más complicado, si se toma en cuenta que el camino escogido por los colombianos fue el de la reconstrucción de la verdad por medio de la vía judicial.

En el escenario judicial, la complejidad que en sí misma reviste la búsqueda de la verdad aumenta, puesto que la alta cantidad de delitos y desmovilizados investigados dentro del proceso de Justicia y Paz, es un hecho que pone en riesgo el funcionamiento de la justicia y el esclarecimiento de los hechos, al congestionar el sistema judicial. Por esa razón, la Corte Suprema de Justicia hizo un llamado al gobierno colombiano en una decisión de septiembre de 2009 para establecer una comisión de la verdad que pueda trabajar integralmente los hechos de la violencia paramilitar y/o de la guerilla. 

Es cierto que estas comisiones pueden actuar con mayor agilidad y flexibilidad que las instancias judiciales, y pueden cumplir funciones complementarias. Sin embargo, la experiencia internacional ha demostrado que las comisiones de la verdad están lejos de ser la formula mágica para superar los conflictos. Por ello, hay que reconocer los límites de la verdad y ver la contraparte, es decir, el derecho a olvidar que tienen los pueblos para la superación de un conflicto, mientras este sea voluntario y no impuesto.

Así pues, sería importante que se contemple la posibilidad de establecer una comisión de la verdad que tenga unos límites y objetivos claros, en aras de no crear un tercer instrumento, paralelo a la Justicia Ordinaria y a Justicia y Paz,  que haga aún más complejo y congestionado el sistema judicial. Además,  se debe evaluar si mientras continúa el conflicto interno se pueden asegurar las condiciones de seguridad para los involucrados en el proceso.

En resumen, es necesario contemplar el establecimiento de esta instancia como alternativa para el esclarecimiento de la verdad teniendo en cuenta la importancia que la misma tiene para la generación de verdaderas garantías de no repetición que sean duraderas en el tiempo para las víctimas. Además, se debe propender porque sea un instrumento que se nutra de diferentes fuentes y no como sucede en los procesos judiciales (de lo cual Justicia y Paz no escapa) en los que se parcializa la verdad y se privilegia un actor, por ejemplo al victimario, de manera que se tiende a mostrar su actuar, reducir la verdad a su dicho, incluso enaltecerlo, aún cuando en el mismo se suele justificar la actuación delictiva y sus móviles, ocultar conductas cometidas que pueden ser socialmente reprochables, y hasta posibles involucrados que no conviene o se quieren mencionar.

Sin embargo, es también imperativo que la reflexión en torno al tema se haga de manera concienzuda y bajo los límites de la razón, sin pensar que puede ser la solución a todos los problemas del proceso de paz colombiano. En la vida real no existen las fórmulas mágicas y mucho menos cuando se trata de subsanar las heridas generadas por un conflicto de décadas.  

 

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