Por: Alvaro Forero Tascón

La verdadera batalla electoral (II)

El próximo período presidencial será de muchas reformas de fondo, independientemente de quien gane las elecciones el próximo domingo.

La pregunta es: ¿qué tipo de reformas? Si gana Juan Manuel Santos serán modernizantes, si gana Óscar Iván Zuluaga, retardatarias. Pero sobre todo, serán institucionales si gana Santos y de corte más autoritario si gana Álvaro Uribe a través de Zuluaga, porque lo que está en juego es el modelo político. Las elecciones dirimirán el conflicto entre el esquema institucionalista tradicional, que representa Santos, y el caudillista en expansión que representa Zuluaga.

Las reformas parecen inatajables porque buena parte de las instituciones está en crisis —la justicia, los órganos legislativos y de control, el sistema electoral, el sistema de salud, el sistema rural— y el pesimismo sobre el futuro que reflejan las encuestas es producto de que las mayorías, especialmente las crecientes clases medias, tienen la percepción de que el Estado no está respondiendo a las necesidades sociales, principalmente por su debilidad frente a grupos legales e ilegales. Como consecuencia de esa percepción, algunos sectores sociales están inclinándose por el tradicional vicio latinoamericano de las soluciones caudillistas, que reemplazan las lentas instituciones por mandatarios con autoridad. Otra razón es que una sociedad que viene transformándose por la prosperidad económica, por haber estado dedicada a solucionar su crisis de seguridad no hace cambios importantes para fortalecer sus instituciones desde la expedición de la Constitución de 1991. Y finalmente está el proceso de paz, que viene generando presiones de cambio, pero sobre todo, sugiriendo instancias de reforma como una constituyente.

Si gana Santos y el proceso de paz tiene éxito, el país entrará en una nueva etapa de optimismo y deseo de cambio, por una parte, y de compromisos de reforma con las Farc, por la otra. Seguramente Santos entenderá la oportunidad histórica para adelantar una especie de “New Deal” para el campo, el paquete legislativo de reformas que presentó Roosevelt para superar la crisis de la Depresión. Con ello buscará recuperar cincuenta años de retraso del campo colombiano, causado por la anestesia de la confluencia del conflicto armado y el control terrateniente del Congreso. Y acometerá la difícil reforma del sistema político, que tendrá la oposición de los sectores más clientelistas y del uribismo, pero es central para sacar adelante las reformas institucionales congeladas. Para lograrlo tendrá que acudir a una coalición con la izquierda, con lo que iniciaría un periodo de deshielo ideológico.

Si gana Zuluaga, es inevitable que Uribe entienda que tiene un mandato para evitar que sus “transformaciones” vuelvan a evaporarse y decida intervenir, ya no el día a día del Estado porque no es presidente, sino su arquitectura por vía de una reforma constitucional de fondo. Y construirá de nuevo una alianza con los sectores clientelistas para imponer una constituyente que “resuelva” la debilidad institucional por vía del fortalecimiento de la autoridad presidencial, garantice los derechos de propiedad de la tierra del establecimiento rural y permita la reelección indefinida para regresar él, como Putin.

 

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