Por: Paul Krugman

La verdadera historia

La próxima semana el Presidente Barack Obama tiene programado proponer nuevas medidas para impulsar la economía.

Espero que sean atrevidas y sustanciales, ya que los republicados de todas formas se opondrán a ellas –si apoyara la maternidad, el Partido Republicano la declararía antiestadounidense–. Así que debería ponerlos en evidencia por entorpecer las acciones reales.

Pero, hagamos a un lado los aspectos políticos y hablemos de lo que realmente hemos aprendido sobre política económica durante los últimos 20 meses.

Cuando Obama propuso por primera vez el paquete de estímulo fiscal por 800,000 millones de dólares, surgieron dos grupos de críticos. Ambos argumentaron que el desempleo seguiría siendo alto pero por motivos distintos.

Un grupo, el que casi acaparó toda la atención, declaró que el estímulo era demasiado grande y que llevaría al desastre. Cuando se leía, digamos, los comentarios de opinión de The Wall Street Journal a principios de 2009, en repetidas ocasiones se informaba que el plan de Obama ocasionaría tasas de interés descomunales y creciente inflación.
 
El otro grupo, que incluyó a su seguro servidor, advirtió que el plan era demasiado corto, dados los pronósticos económicos entonces disponibles. Tal como lo dije en febrero de 2009, la Oficina Presupuestaria del Congreso pronosticaba un agujero de 2.9 billones de dólares en la economía durante los siguientes dos años. Por ello, un programa de 800,000 millones de dólares, que consistía parcialmente de reducciones fiscales que de todas formas se hubieran registrado, simplemente no era suficiente para llenar ese hueco.

Los críticos del segundo campamento estaban particularmente preocupados por lo que pasaría este año, dado que el estímulo tendría su máximo efecto sobre el crecimiento a finales de 2009 hasta desaparecer gradualmente. El año pasado, muchos de nosotros ya advertíamos que la economía podría perder velocidad en la segunda mitad de 2010.

Entonces, ¿qué sucedió realmente? El pronóstico optimista de la administración fue equívoco, pero ¿cuál de los grupos de pesimistas acertó en la causa del error?

Empecemos con las tasas de interés. Los que dijeron que el estímulo era muy grande pronosticaron marcados aumentos en la tasa de interés. Cuando ésta creció a principios de 2009, The Wall Street Journal publicó un editorial titulado “The Bond Vigilantes: The disciplinarians of U.S. policymakers return”. El editorial declaró que todo se debía al temor al déficit y concluyó que “en caso de dudas, hay que confiar en los mercados”.
 
Pero los que dijeron que el estímulo era muy escaso argumentaron que los déficits temporales no eran problemáticos mientras la economía siguiera estando deprimida; no teníamos ahorros ni a dónde recurrir. Las tasas de interés, dijimos, fluctuarían optimista o pesimistamente en relación al crecimiento futuro, no al endeudamiento gubernamental.

En caso de dudas, hay que confiar en los mercados. La tasa de interés para los bonos a 10 años superaba 3.7% cuando el Journal publicó ese editorial. Ahora está por debajo de 2.7%.

¿Y con respecto a la inflación? Entre la histeria inflacionaria de principios de 2009, los críticos del inadecuado estímulo señalaron que la inflación siempre cae durante periodos sostenidos de alto desempleo, y que este caso no tendría por qué ser diferente. Indudablemente, los principales indicadores de inflación han caído de más de dos por ciento antes de la crisis a uno por ciento o menos y la deflación de corte japonesa está asomándose como posibilidad real.

Mientras tanto, el ritmo del reciente crecimiento económico respalda fuertemente la noción de que, efectivamente, el estímulo impulsa la economía: el crecimiento se aceleró el año pasado, conforme el estímulo alcanzó su impacto máximo previsto, pero ha menguado – tal como lo temíamos algunos – conforme el estímulo ha ido desapareciendo.

¡Ah! Y no me digan que Alemania demuestra que la austeridad, y no los estímulos, es el camino a seguir. De hecho, Alemania estimuló bastante su economía, toda la austeridad será futura. Asimismo, nunca le estalló una burbuja de viviendas. Y con todo eso, el PIB de Alemania sigue estando por debajo de su clímax previo a la crisis. Es cierto, a Alemania le ha ido mejor en términos de empleo pero eso se debe a que la fuerza de los sindicatos y la política gubernamental han evitado despidos masivos de corte estadounidense.

La lección real de 2009-2010, entonces, es que los cuentos de terror sobre los estímulos están equivocados, y que éstos funcionan cuando se aplican. Pero no se utilizaron a una escala suficiente. Y necesitamos otra ronda.

Sé que es improbable: los republicanos y los demócratas conservadores no la respaldarán. Y si el Partido Republicano arrasa en las elecciones de noviembre, tal como se espera, será visto como una amplia reivindicación de la posición contra los estímulos. Se nos dirá que Obama se movió mucho a la izquierda y que se demostró que esta doctrina económica keynesiana es equivocada.

Pero la política determina quién tiene el poder, no la verdad. La teoría económica detrás del estímulo de Obama ha pasado la prueba exitosamente en los acontecimientos recientes. Desafortunadamente, Obama, por algún motivo – aunque sé que hubo limitaciones políticas – presentó un plan demasiado cauto para la escala de los problemas económicos.
 
Así, tal como lo dije, hay esperanzas de que Obama se lance en grande la próxima semana. De ser así, tendrá los hechos de su lado.

 

Buscar columnista