Por: Juan Carlos Gómez

La vida después de la televisión

Sería una lástima que los comisionados de televisión llegaren a pensar que la supresión de la CNTV es un asunto personal o que se empecinaran en sostener que una maquillada a ese ente lo habilitaría para regular el futuro del sector audiovisual. La desaparición de esa entidad es ineludible.

Hace casi veinte años Gilder describió la realidad de que, gracias a la tecnología, la televisión había dejado de existir como ese servicio exclusivamente unidireccional que imponía contenidos y marcaba las pautas de conducta y frente al cual la audiencia se comportaba como un autómata. Ya desde entonces era un imperativo que la regulación ampliara las fronteras y era previsible que no tendría sentido crear un organismo que regulara ese servicio de manera aislada, como infortunadamente sucedió en Colombia.

El gobierno presentó la semana pasada el proyecto de acto legislativo en virtud del cual se reformará la Constitución con el fin de suprimir a la entidad; su contenido, adecuadamente simple y contundente, le remite al Congreso, a iniciativa del gobierno, la facultad de expedir, dentro de los seis meses siguientes a la reforma, las normas que definirán cuáles entidades del Estado asumirán las respectivas competencias. Se prevé que, mientras se dicten las leyes correspondientes, la CNTV continuará ejerciendo las funciones que le atribuye la legislación vigente, lo cual puede ser bastante inconveniente.

La supresión de la CNTV no significa que se corrijan las serias distorsiones que se evidencian actualmente en los diferentes mercados de televisión. El actual panorama de la televisión es complejo, entre otras razones, debido al criterio alcabalero bajo el cual se reguló la televisión durante los últimos quince años. Recordemos que está pendiente la suerte del tercer canal y la implementación de la televisión digital terrestre (TDT), cuyo estándar la CNTV corrió a definir sin las debidas formalidades y dos años después, esta es la hora en la que las frecuencias no están disponibles ni la entidad ha establecido las condiciones de competencia bajo las cuales se prestarán los nuevos servicios que posibilita la TDT.

En fin, hay demasiadas razones como para no temer muchas tormentas en el largo camino de la transición.

 

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