Por: Óscar Alarcón

La vida y los conservadores

A propósito de hechos recientes como la matanza salvaje de unos niños en Florencia y la necesidad de establecer la eutanasia para enfermos terminales, vuelve a tocarse el tema de la vida y quién decide su duración.

Llama la atención que sean hoy los conservadores quienes sostengan que solo Dios es quien puede determinar la duración de la vida. Fueron ellos los que en el siglo XIX defendieron y establecieron en varias constituciones la pena de muerte y quisieron reimplantarla después en el siglo pasado. En 1925, el senador de ese partido Antonio José Sánchez presentó un proyecto en ese sentido y en el primer debate, sin mucha discusión, la mayoría conservadora del Congreso logró su aprobación por 19 contra 12. Y el Directorio Nacional de ese partido dio la orden de votarlo favorablemente.

Lo candente del debate vino después entre el poeta Guillermo Valencia y Antonio José Restrepo, “Ñito”. El primero, conservador, defensor de la propuesta, y el segundo, enemigo. El tema de la pena de muerte solo fue un pretexto para avivar las diferencias partidistas, el origen de esas agrupaciones, la participación de ellos en las guerras civiles, y todo terminó en agresiones de toda índole.

—Ya lo dijo Olaya Herrera: bendita sea la Providencia que le ha negado descendencia a Antonio José Restrepo —dijo Valencia.

—Desde este momento, poeta, usted ha dejado de ser un caballero y yo su amigo —respondió “Ñito”—. Yo no soy como la urraca que busca familia en donde poner huevos. Y tampoco fui a buscar mujer rica, ni suegro protector.

Ahí terminó el debate sobre la pena de muerte. Ahora los conservadores son defensores de la vida y enemigos de la eutanasia.

La vida, como el mundo, es un pañuelo: ¡suénese!

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Óscar Alarcón

Las frases de Gaitán

La larga espera

El caso Carrasquilla

A propósito de “mermelada”

Los auxilios del 86