Steven Pinker habla sobre razón, ciencia, humanismo y progreso

hace 43 mins
Por: Enrique Aparicio

La vida y sus contrastes

El enigma de Asia comienza desde el momento que nos bajamos del avión.

La playa estaba bañada por un mar tranquilo de aguas muy cristalinas.  Un sol tropical nos acompañaba a mi amante y a mí. Cogidos de la mano, paseando a pie descalzo por la playa como seres que han vivido, nuestras mentes empezaron a ser conscientes de la tragedia de la que fue testigo la gente del lugar.  Seres desprevenidos sin otro ánimo que vivir un momento familiar lleno de energía amable.

Apareció sin mayor aviso, dispuesta a arrasar lo que se encontraba en su camino. Era la fuerza de la naturaleza ante la debilidad del hombre. La ola gigante que abarcó países del sureste asiático, incluidos Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, India y otros. El tsunami no perdonó nada. Ni familias enteras, ni infantes, ni viejos. Nada. Este monstruo puede llegar a desarrollar una velocidad de 800 kilómetros por hora y olas de más de 15 metros de altura. Una vez que está cerca a la costa es muy difícil huir de él. El del 26 de diciembre de 2004 mató a más de 200.000 personas.

Nos contaron casos muy tristes y en otros pudimos ver a través de videos cómo una joven y su pareja, de algún país occidental, en el viaje que se suponía unas vacaciones maravillosas y de descanso, llevaron a su madre, su hermana y a su pequeña hija de seis meses.  Solo ella y su joven marido se salvaron.

El tema viene a colación porque en esa misma playa donde deambulábamos hacía unos años el drama del tsunami parecía no haber tenido lugar nunca, como si la naturaleza hubiera tenido una amnesia permanente.  Los nuevos transeúntes, entre otras nosotros, no parecíamos captar la magnitud del dolor que padeció mucha gente, fuera rica o pobre. Lo cierto es que la vida, para lo bueno o lo malo, es impredecible. Esta gente buscaba días de vacaciones y se encontró con un destino de gran dolor.

Khao Lak, en Tailandia, es una playa idílica, con un pequeño pueblo que con sus maltrechos bohíos con cara de restaurante típico nos hacen viajar a un lugar salvaje que invitaría a estar medio vestido y la compañera cocinando el pescado para mí, un revuelto entre Tarzán y un mico perezoso.  

Bangkok es el contraste de la playa. Como capital de Tailandia es sin duda una caja de sorpresas nocturna para nosotros los occidentales. Sin embargo, este tema, los enigmas de la noche, es un imán para el visitante: el sexo y los Rolex son parte de las sorpresas que se pueden conseguir por 4 dólares o algo así, me refiero a los relojes.  Desde restaurantes exóticos que tienen en el menú nidos de golondrina o similares hasta el boxeo, cuya única regla es no agarrar a tiros al contrincante, son parte de una urbe fascinante. Pero al final el gran reto de poder entender su cultura, su amabilidad y lenguaje corporal queda en suspenso.  La cultura parece dividirse en dos, una “jugando” a lo que el viajero occidental espera y otra lo que verdaderamente viven, es decir, sus templos, sus costumbres espirituales, y expresiones que no permiten conocer lo que piensan.

El YouTube tiene tomas de nosotros, y el corto video de la familia que experimentó la tragedia de su hijita desaparecida es de alguna programadora en Australia u otro país.

https://youtu.be/RXClZN3f3Qs

Que tenga un domingo amable.

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