Por: Columnista invitado

La vigencia de la lucha por el agua

“Cien mil voces por el agua” fue la consigna que se agitó en las redes sociales y que concluyó el pasado 15 de marzo con una masiva movilización, en Bucaramanga y Bogotá, contra la megaminería en el Páramo de Santurbán. El atractivo lema convocó a miles de colombianos preocupados por la amenaza latente sobre las fuentes hídricas que garantizan el agua a millones de colombianos.

No es para menos, la situación del agua en Colombia es cada vez más dramática. En Yopal, sus pobladores han sufrido un verdadero viacrucis desde hace dos años, cuando una avalancha destruyó el acueducto de la ciudad. La situación llegó al máximo y los yopaleños decidieron salir a las calles a protestar por el vital líquido. Paradójicamente, ésta es una de las ciudades con más recursos provenientes de las regalías por la actividad petrolera; como quien dice, con petróleo pero sin agua. Por otro lado, la defensa de los ríos crece en la misma medida que se anuncian y se empiezan a construir hidroeléctricas que represan sus aguas e inundan las tierras más productivas, como ha pasado con El Quimbo, Sogamoso y ahora en Ituango, donde desde el pasado 10 de marzo cientos de campesinos y pescadores se han movilizado al ver amenazadas sus formas de vida por la construcción de Hidroituango.

La defensa del agua se constituye en un importante paradigma de la lucha social colombiana. Evidencia una profunda crítica al modelo de desarrollo extractivista que amenaza destruir los territorios que garantizan el ciclo hídrico. Para los defensores ambientales, la lucha es clara: sin agua no hay vida. “Agricultura se escribe con agua”, reza una consigna en Tolima, donde La Colosa amenaza el agua de esta región campesina. Es ahí, justamente, donde está el debate. ¿Qué pasará con las diversas vocaciones existentes en el país con el avance de la locomotora minero-energética sobre los páramos, los ríos, los valles y las selvas que garantizan los ciclos del agua?

Hoy más que nunca se hace manifiesta la vigencia de las demandas del Referendo del Agua, negado por el Congreso de la República hace tres años: reconocer el agua como un derecho fundamental, protección por parte del Estado a los territorios que garantizan los ciclos del agua, mínimo vital gratuito, desprivatización del servicio público del agua y reconocimiento de las diversas culturales asociadas al agua. Demandas respaldadas con su firma por más de dos millones de colombianas y colombianos.

Los promotores del referendo, ambientalistas, usuarios del agua, trabajadores, campesinos e indígenas, no estaban equivocados, por ello lograron abrir un profundo debate sobre el agua, la pésima gestión hídrica y un modelo de desarrollo construido de espaldas a las aguas. La injusticia hídrica es parte del conflicto social del país, que tendrá que ser considerada para la construcción de la paz. La semilla fue sembrada, las luchas por el agua se levantan en todos los rincones del país que ven cómo su gran riqueza, su verdadero Dorado, está hoy más amenazado que nunca.

 

* Tatiana Roa /Coordinadora general de Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia. Una de las promotoras del Referendo del Agua. /

 

 

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