Por: Arlene B. Tickner

La visita de Lula: triunfalismo excesivo

El país se ha contagiado de un triunfalismo olímpico que recibió impulso del bombardeo del campamento de Raúl Reyes y se ha alimentado de una cadena de hechos —los hallazgos de los computadores, el asesinato de Iván Ríos, la entrega de Karina, las hostilidades con los gobiernos de Ecuador, Nicaragua y Venezuela, el rescate de los 15 secuestrados y la terminación de la mediación internacional, entre otros— que parecen confirmar la grandeza colombiana y la de su gobernante.

Los medios de comunicación han sido partícipes de este frenesí. A pesar del número creciente de críticas serias sobre el rumbo de la vida política nacional —que tristemente se tildan de antipatrióticas, resentidas o terroristas— se observa en general una actitud de halago permanente que enceguece a quienes deben reportar los hechos con imparcialidad.

Tal es el caso de la reciente visita de Luiz Inácio Lula da Silva. Ésta fue presentada como un gran acierto del presidente Uribe, quien aseguró la solidaridad de su homólogo, desmintiendo la supuesta soledad colombiana. Inclusive, se habló de una alianza Brasilia-Bogotá que contrarrestara el eje Caracas-Quito-Managua. El anuncio del ingreso del país al Consejo Sudamericano de Defensa —luego de la oposición enfática de Uribe hace menos de tres meses— también se interpretó como un triunfo de Colombia, igual que el acuerdo firmado en materia de seguridad fronteriza.

Esta lectura no sólo enaltece demasiado la diplomacia colombiana, sino que desconoce por completo la de Brasil. El país carioca cuenta con uno de los aparatos más profesionales e institucionalizados del mundo, lo cual se traduce en una política exterior de Estado que varía poco con los cambios de gobierno. Uno de los objetivos centrales de ésta es el ingreso al club de las potencias mundiales, para lo cual el protagonismo a nivel latinoamericano se ha vuelto fundamental.  Para ello, Brasil viene proyectándose como un hegemón “benévolo” cuyas políticas contrastan con las de Estados Unidos.

La revolución bolivariana entorpece este proyecto no sólo por el poder de influencia de Chávez, sino porque su estilo choca con los principios de amistad, reciprocidad, respeto y pacifismo que profesa la diplomacia brasileña. El acercamiento Lula-Uribe puede entenderse como un intento por redimensionar la relación entre Brasil y Venezuela, evitando un enfrentamiento directo por medio de la triangulación con Colombia.

La vigilancia de la zona amazónica constituye otra meta brasileña de larga data. Fue Brasil y no Colombia quien lideró el acuerdo firmado para compartir información, promover la venta de armas y realizar ejercicios militares conjuntos. Además de frenar los impulsos guerreros de Chávez, el gesto de Lula puede tener relación con el despliegue reciente de la IV Flota Naval estadounidense y los recelos que ha producido en su país. La relación con Brasil es primordial para Colombia. Hay que planear con cabeza fría una estrategia frente a este gigante. De lo contrario, el país corre el riesgo de ser un simple peón de las relaciones hemisféricas en lugar de uno de sus protagonistas.

* Profesora Titular Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes.

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