Por: Iván Mejía Álvarez

Lamentable final

No había nada más de fútbol en la tele para ver durante el fin de semana.

Por eso, a observar la final del fútbol argentino entre Vélez y Huracán, más allá de que ninguno de los dos equipos pueda conllevar un afecto o un cariño. Un simple espectador de una tragicomedia, de una oleada de hechos bochornosos en un pésimo partido donde se jugó poco y se batalló, se guerreó, se peleó, en todos los frentes, en las tribunas, en las calles, en los banquillos técnicos.

Así es el fútbol argentino de hoy, mucho fragor, temperamento, poco fútbol. Por eso, futbolistas como Radamel Falcao son ídolos en equipos como River, porque lucha, corre, mete, pone pero a la hora de jugar a la pelota, poco que entregar.

Comenzó tarde, algo normal en los campos Suramericanos donde no se cumplen los horarios, ni en la Santander Libertadores, ni en los torneos domésticos. Pésimo arbitraje, algo normal en los partidos del continente, donde los jueces terminan siendo factores desequilibrantes. Este Brazenas, el juez del partido, invalidó una jugada legal de gol para Huracán y concedió el único gol cuando debió pitar una terrible falta contra el portero del “Globito” que invalidaba la acción posterior que terminó con la bola dentro de la red.

Y después, lo otro, lo trágico, heridos adentro y afuera del estadio, empujones, camorra, pelea, patadas, puños, los delincuentes de las barras bravas en todo su esplendor. Vueltas olímpicas en calzoncillos y gente pugnando por quitarle los pantaloncitos a los jugadores, frases destempladas y mal ejemplo en el comportamiento de todos.

A la hora de comparar resultó mucho mejor en nivel técnico, en categoría, en organización en el interior del estadio, la confrontación colombiana entre Júnior y Once Caldas. Tan sólo en el interior, porque en las afueras, los malandrines y delincuentes con camiseta también arrasaron con supermercados, tiendas y restaurantes. Por lo menos, en el plano futbolístico, en Manizales y en Barranquilla se intentó jugar bien. Caldas lo hizo de maravilla en el Metropolitano, mientras que allá no jugaron a nada, tan sólo a correr y “meter”.

Ah, salió campeón Vélez, dirigido por Ricardo Gareca, quien pasó por el América e hizo una buena tarea, fracasó ruidosamente en Santa Fe, triunfó en Perú y Universitario y salió campeón en Argentina. Porque todos los que llegan a Millos y Santa Fe se van por la puerta de atrás y triunfan en otras latitudes, ¿cuál es la maldición de los dos equipos bogotanos?

 

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