La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 1 hora
Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

¡Larga vida a Dolores Morales y Lord Dixon!

La hijastra de Miguel Soto Colomenares, hombre rico y poderoso de Nicaragua, ha desaparecido. A instancias de su esposa, mamá de la esfumada, el padrastro contrata los servicios de “Dolores Morales y Asociados, investigadores privados. Discreción y seriedad. Atención previa cita”. Una agencia poco visible, es decir, “una agencia que no vale un culo”.

Entonces entra en acción el inspector Dolores Morales, viejito socarrón, excombatiente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cojo de guerra, casi obeso e idólatra del whisky. A su lado la leal e incombustible doña Sofía Smith, mitad mamá putativa, mitad secretaria, y Fanny Toruño, la Fanny, amante a punto de desengañarse, y el doctor Pedro Celestino Cardona, alias Vademécum, y los primos Ovidio y Apolonio Montalván de la peluquería RD Beauty Parlor, en donde RD es Rubén Darío, o sea, Félix Rubén García Sarmiento, poeta ultra divino.

Y, last but not least, el subinspector Bret Dixon, Lord Dixon, costeño de Bluefields, en la costa del Caribe nicaragüense (ahí, a brazadas de San Andrés y Providencia), asesinado por sicarios de los cárteles de Cali y Sinaloa. Lord Dixon “es de los muertos que nunca mueren”, como dijo Tomás Borge sobre Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN, cuando un coronel fue a decirle en la cárcel que la Guardia Nacional había matado al jefe. Desde el más allá, Lord Dixon charla con el inspector Morales en unos diálogos chisporroteantes, con el espíritu de ciertos seres de García Márquez, que hablan y escriben “después de muertos”. Toda una constelación de personajes esperpénticos, henchidos de simpatía y cinismo, embullados por el amor o el odio a la Justicia, en situaciones también esperpénticas al estilo de La gente de la Universal, de Felipe Aljure en 1991.

Es Ya nadie llora por mí (Alfaguara, octubre de 2017), la más reciente publicación (¡novelaza!) del laureado Sergio Ramírez. ¿Roman à clef? ¿Novela en clave? ¿Inspirada en hechos reales? No es improbable. Acuérdense de Zoilamérica Narváez, hijastra del comandante Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, violada por él desde cuando ella era adolescente, con la complicidad, el silencio o la perfidia de su mamá, Rosario Murillo, primera dama (sic) y vicepresidente de Nicaragua. Cosas así pasan en esta novela, prolongación de El cielo llora por mí, 2008, también signada por el humor, el sarcasmo y la ironía.

Y Managua, escenario de las venturas y desventuras del inspector Morales, es el retrato de una utopía tropical, esa revolución traicionada por Ortega y sus secuaces, hasta llegar a cantar “Arriba los ricos del mundo, a la mierda los esclavos sin pan”, brutal parodia de la Internacional Comunista que sintetiza la tragicomedia de la patria de Sandino.

Ya nadie llora por mí es lectura non sancta para esta Semana Santa. ¡Háganle! Serán felices.

Rabito: “-Andá comé mil veces mierda –dijo el inspector Morales.

“-Me parece que a lo largo de esta novela esa palabra desagradable ha sido mencionada ya demasiadas veces –dijo Lord Dixon”.

Sergio Ramírez. Ya nadie llora por mí.

Rabillo: Hace dos semanas reté aquí a que alguien de izquierda en Antioquia sacara más votos a la Cámara que el “Mono” Rodrigo Saldarriaga (q. e. p. d.), con 21.723 en 2014. Pues bien, Jorge Gómez, del MOIR, sacó 29.454. A todo señor, todo honor. Eso sí, lástima que los votos hayan sido con el Polo de ahora, más afín a la nata ideológica de Sergio Fajardo que a la socialdemocracia de Carlos Gaviria.

@EstebanCarlosM

 

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