Las amenazas a la Corte Suprema de Justicia

La vehemente declaración de la presidenta (e) de la Corte Suprema, Elsy del Pilar Cuello Calderón, repudiando la insólita indiferencia de las otras ramas del poder público ante las serias y graves amenazas que penden sobre la humanidad de los magistrados Augusto Ibáñez, Jorge Luis Quintero y Javier Zapata (El Espectador, viernes 05-03-10)...

La vehemente declaración de la presidenta (e) de la Corte Suprema, Elsy del Pilar Cuello Calderón, repudiando la insólita indiferencia de las otras ramas del poder público ante las serias y graves amenazas que penden sobre la humanidad de los magistrados Augusto Ibáñez, Jorge Luis Quintero y Javier Zapata (El Espectador, viernes 05-03-10), parecería estar proyectada más allá del interés inequívoco por llamar la atención sobre los previsibles riesgos que conlleva la labor de los magistrados en medio del conflicto armado y social que padece el país, y los retos que encaran sus reconocidas dotes de firmeza e independencia.

Así lo dejaría entrever la magistrada Cuello Calderón al denunciar igualmente la falsa moral de algunos sectores supuestamente alarmados por un posible atentado terrorista en contra de algunos de sus colegas de la Sala Penal, y cuyo cometido no sería otro distinto que alertar al país y a la Comunidad Internacional sobre el escaso o nulo interés del Gobierno y la Fiscalía en acompañar a la Corte Suprema en su eficaz lucha contra la impunidad de los crímenes de la parapolítica, y cuyos relevantes resultados están plasmados en las históricas condenas a 40 años de prisión impuestas a dos de los más avezados parapolíticos de Sucre.

De otra parte, es un hecho incontrovertible que los magistrados de la Sala Penal, a raíz de los sabidos desafueros mediáticos del Gobierno contra la Corte Suprema, tuvieron que padecer con gran estoicismo el señalamiento de prevaricadores, así como las infames patrañas de burdos montajes, y la expiación obscena del desprestigiado organismo de inteligencia adscrito a la Presidencia. Penosos sucesos que, eventualmente, podrían constituir los claros indicios que permitirían corroborar la enorme desidia con que el Ejecutivo suele desde entonces desestimar la titánica labor de la Corte Suprema. Y ello sin entrar en detalles sobre el extraño sueño letárgico de aquellos procesos de la Fiscalía en los cuales se hallan seriamente involucrados funcionarios, amigos y familiares del Jefe de Estado.

 Ramón Francisco García S. Ocaña.

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