Las artes y la vida universitaria

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El país ajustaba siete días de protestas, se templaban las gargantas, retumbaban las calles llenas de gente y de pancartas y en las puertas y ventanas resonaban las cacerolas; de repente, en plena carrera séptima con calle sesenta en Bogotá, a las 3:00 de la tarde, violines, clarinetes, tambores y trombones silenciaron el ensordecedor bullicio para dar paso a los acordes de “Colombia tierra querida”, del maestro Lucho Bermúdez.

El “cacerolazo sinfónico”, como fue bautizada esa tarde de música en el parque de los hippies, fue una actividad en la que participaron más de 300 artistas que contaron con la dirección de Guerassim Voronkov, director musical y maestro de la Universidad Nacional de Colombia. El maestro Voronkov manifestó a los medios que consideraba importante decir que “la música necesita silencio para ser escuchada. El mensaje es que aprendamos a escuchar. No enfrentarnos, sino hablar en paz”.

La música es un lenguaje capaz de hacer que cientos o miles percibamos simultáneamente su mensaje. Las artes en general son creación, son síntesis del conocimiento y la experiencia, procesos de composición capaces de despertar las emociones. Las artes son una forma de conocimiento y una vivencia para quien crea y para quien disfruta.

Las artes brindan nuevos sentidos a nuestra imagen de la realidad. Posibilitan la comunicación entre distintas formas de ver el mundo. En una comunidad de conocimiento como la universidad, las artes enriquecen la construcción de las vivencias universitarias.

Cuando un estudiante llega a la universidad trae consigo su proyecto de vida. Su paso por la universidad le permite alimentar o transformar ese proyecto y avanzar en su realización. Las artes le dan la posibilidad de interpretar, apreciar, cuestionar y comprometerse con diversos lenguajes. Ese universo de experiencias es lo que distingue a la formación integral de una formación simplemente profesional o técnica.

La apropiación del conocimiento es una construcción creativa, una imagen que el individuo se hace para sí del mundo, de la naturaleza o la sociedad. Aman el conocimiento quienes descubren su belleza intrínseca, quienes descubren que el aprendizaje es una experiencia vital que no es solo de la mente, sino también de la sensibilidad.

El amor por el conocimiento se cultiva en comunidad. Como logro colectivo, el conocimiento parte del reconocimiento, la comprensión del otro requiere de la sensibilidad que permite reconocerlo y sentir respeto por él. La vida en la comunidad nos transforma y transforma la comunidad misma. Una comunidad universitaria es una obra colectiva que crea, se transforma y trasciende.

Construir ambientes para el aprendizaje y la investigación que contribuyan a la formación integral implica diálogo e interacción entre diversas imágenes del mundo. Ello requiere currículos abiertos y flexibles que hagan posible un gran conjunto de experiencias que enriquecen las vivencias universitarias. Si queremos jóvenes integrales además de la formación científica, se requiere la formación ciudadana que supone una comunidad académica integrada que dé lugar a un ejercicio profesional ético. Esta comunidad integrada, como obra colectiva, requiere comprensión y solidaridad entre sus miembros, lazos y sentidos compartidos que dan identidad al colectivo.

En una obra de arte la armonía es condición inherente a su sentido, en la obra colectiva es preciso ser consciente del lugar y la función del otro. Esto es lo que ocurre en el teatro como creación colectiva, en la orquesta y en la comunidad académica integrada. Al cierre del “cacerolazo sinfónico” el maestro Voronkov y los 300 músicos de diversos orígenes que hicieron posible esa obra colectiva interpretaron la “Oda a la Alegría” de Beethoven, convirtiendo este acto en un símbolo capaz de dar identidad a un muy colorido y diverso movimiento social.

Tanto en la comunidad universitaria como en la sociedad es importante concebir la común unión como una obra colectiva. Una tarea fundamental de la Universidad es contribuir a la construcción de una nación en armonía. En palabras del maestro Voronkov: “Nos parecía muy importante para este momento tan traumático y tormentoso hablar en paz y en silencio y a través de la música para encontrar el camino del entendimiento”.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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